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Cristobal Colón al final de su tercer viaje acabó "cargado de cadenas" y devuelto a España.
Así lo narran las crónicas:
El tercer viaje de Colón
La preparación de la flota para la tercera expedición fue en extremo laboriosa, en parte por la lentitud con la que llegaba el dinero prometido por la Corona y, en parte, por la renuencia de los patrones y la dificultad de encontrar voluntarios; de nuevo los reyes concedieron el perdón a cuantos delincuentes embarcaran, salvo en los casos más graves.
Para la nueva expedición se fletaron seis barcos, que levaron ancla el 30 de mayo de 1.498 desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda. Tres fueron directamente a La Española, mientras Colón, al mando de los otros tres - la Santa María de Guía, la Vaqueños y el Correo -, seguían una derrota más al sur.
Gracias a las buenas relaciones ahora existentes entre Castilla y Portugal, Colón pudo recalar en la isla de Cabo Verde. La flota avanzó luego hacia el Sudoeste, impulsada por un viento cada vez más leve, que cesó por completo el 13 de julio. Se hallaban en la zona más tórrida y calma del Atlántico en aquellas estación. Parece ser, que tras ocho días sin viento, sopló el alisio del Sudeste, ya que en el extracto de la carta a los reyes que hizo Fray Bartolomé de las Casas consta que se sucedieron diecisiete días de vientos favorables.
Como no se atrevía a ir más al sur a causa del calor, el almirante enmendó el rumbo al Oeste. El 31 de julio, cuando el agua potable comenzaba a escasear a bordo, avistaron Trinidad y al día siguiente divisaron al Sur lo que les pareció una isla y que era la actual punta Bombeador, en el gran delta del Orinoco.
Por primera vez se hallaban los españoles ante el continente sudamericano.
Una inmensa ola, probable consecuencia de una erupción volcánica submarina, zarandeó a la flota en la Boca de las Sierpes, entre Trinidad y el delta. Atravesado el estrecho, Colón penetró en el plácido golfo de Paria, donde observó que los indios se adornaban con perlas. Navegaron después hacia una tierra montañosa que resultó península (península de Paria) y cuya costa meridional exploraría buscando una salida. El 13 de agosto abandonaron el golfo de Paria por la Boca del Dragón y vislumbraron Belaforma (Tobago) y Asunción (Granada). Colón se encontraba enfermo y casi ciego, como durante el viaje anterior. Llegó a presentir que había descubierto "tierra infinita", esto es, un nuevo continente. Pero, negando esta opinión razonable, terminó persuadiéndose a sí mismo de que había llegado al umbral del Paraíso Terrenal, el bienaventurado dominio cuya ubicación había sido discutida tan vivamente por los geógrafos medievales.
La rebelión de Roldán
Preocupado por su enfermedad y porque los víveres se corrompían, el Almirante se dirigió a La Española, a la que llegó con rumbo seguro. El 31 de agosto fondeaba en la boca del Ozama y se reunía con su hermano el Adelantado, que le transmitió noticias descorazonadoras. Los españoles habían levantado la nueva colonia de Santo Domingo, donde se hallaban en una relativa paz con los taínos; pero la escasez de víveres y la falta de noticias de la metrópoli habían propiciado que, aprovechando la ausencia de Bartolomé, dedicado a la recaudación de impuestos en la provincia de Xaragua, el alcalde mayor Francisco Roldán y otros descontentos se rebelaran. A instigación de Roldán, los sublevados se aliaron con los súbditos de Guarionex, cacique antaño poderoso, a quien prometieron la abolición de impuestos a cambio de su ayuda para atacar el fuerte de Concepción de la Vega, en el camino entre Isabela y Santo Domingo. Bartolomé regresó a tiempo, incendió los poblados de Guarionex y finalmente prendió a éste. La intentona del Roldán pudo terminar en aquel punto; pero los tres navíos de abastecimiento que habían precedido a Colón fueron a recalar cerca de los rebeldes y parte de sus tripulaciones se habían unido a ellos cuando llegó el Almirante.
En octubre de 1.498, Colón envió a su capitana y a la carabela El Correo de regreso a Castilla, con su carta a Isabel y Fernando y un informe de los sucesos de la Española; requería sacerdotes y un juez para ejercer la autoridad real. Incapaz de actuar con energía y de obligar a Roldán a la sumisión en nombre de los reyes, Colón empezó a negociar con el jefe rebelde, que pidió y obtuvo que se retirasen las acusaciones contra él, que se le confirmara en su puesto de alcalde mayor y que se le concediera, como a sus hombres, tierras e indios.
"Andanzas" de Alonso de Ojeda
El 15 de octubre Colón supo que una flota al mando de Alonso de Ojeda había fondeado en el cercano puerto de Brasil. Tras tener noticias de los descubrimientos del Almirante en Trinidad, Paria y zona del Paraiso Terrenal, Ojeda había obtenido la ayuda de Juan de Fonseca para efectuar una expedición a dichas regiones; con él fueron Juan de la Cosa y Américo Vespucio. Ojeda y sus hombres llegaron a Trinidad y descubrieron las ricas pesquerías de Cubagua y Venezuela, antes de dirigirse al Norte y arribar a Brasil, en La Española, se dedicaron a cortar árboles de palo de brasil y a cazar indios.
Como el oro, el palo de brasil pertenecía a la Corona, y el Almirante estaba en el derecho de intervenirlo. Roldán se ofreció para capturar a Ojeda, quién tras breves escaramuzas, se retiró y fue a las islas al norte de La Española y luego a Castilla, con sus carabelas cargadas de esclavos.
Otros navegantes como Peralonso Niño y Vicente Yáñez Pinzón habían sido autorizados para descubrir nuevas tierras en las Indias, como consecuencia de la pérdida de influencia de Colón en la corte.
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Nueva rebelión y llegada de Francisco de Bobadilla (el arresto de Colón y sus hermanos)
Viendo la falta de confianza del Almirante en sí mismo, los antiguos rebeldes aspiraron a nuevas concesiones y volvieron a sublevarse. El 23 de agosto de 1.500, mientras el Almirante reprimía un levantamiento local en Concepción de la Vega y Batolomé Colón otro en Xaragua, una flota castellana entró en el estuario del Ozama. Al mando iba el nuevo gobernador Francisco de Bobadilla, enviado por los reyes para ejercer la justicia. Acababa de desembarcar Bobadilla cuando vio los cuerpos de siete españoles que pendían de la horca. Diego Colón, al mando de Santo Domingo en ausencia de sus hermanos, le hizo saber que eran rebeldes y que otros cinco iban a ser colgados al día siguiente. Tras una rápida investigación, Bobadilla arrestó a Diego Colón y mandó una orden a Concepción de la Vega para que regresara el Almirante. Al volver, éste fue preso y encadenado. El Adelantado intentó liberar a sus hermanos por la fuerza de las armas, pero el Almirante le conminó a obedecer a Bobadilla, que parecía actuar de acuerdo con las instrucciones reales. En consecuencia, Bartolomé fue también arrestado.
Bobadilla había decidido enviar a los tres hermanos a Castilla. Durante su prisión en Santo Domingo, Colón escribió a Juana de la Torre, hermana de Antonio Torres y persona próxima a la reina, dando rienda suelta a su amargura.
Se le había juzgado, decía, como a un gobernador cualquiera, y no como a un capitán que estaba ganando nuevas tierras para España.
A comienzos de octubre de 1.500 el Almirante fue embarcado en la carabela la Gorda; él y sus hermanos iban encadenados. El 20 de noviembre arribaron a Sanlúcar de Barrameda, desde donde el Almirante dirigió un mensaje a Isabel y Fernando, que se hallaban en Granada. Los reyes dieron orden de dejarlo libre, así como a sus hermanos y le enviaron dos mil ducados para que pudiera presentarse en la corte de un modo digno, pues todos sus bienes habían sido incautados por Bobadilla. El 17 de diciembre los reyes recibieron a los hermanos Colón en la Alhambra. El Almirante consiguió palabras de consuelo y la restitución de sus bienes, pero no fue repuesto como gobernador de La Española.
En Granada, donde permanecería, Colón encontró a sus hijos Diego y Hernando, convertidos en pajes de la reina. Tuvo noticias de las Indias, que él mismo comenzó a llamar Indias Occidentales para distinguirlas de las que Vasco de Gama había descubierto al navegar al Sur y al Este de África. Un explorador portugués llamado Cabral había descubierto tierras al Sudoeste (el futuro Brasil) y de Inglaterra se sabía que Giovanni Caboto, de Génova, había encontrado tierra al Oeste (la costa oriental norteamericana).
Pensando que así se libraría de la injusticia y el posible olvido real, el Almirante ocupó su tiempo en redactar memoriales sobre sus títulos y privilegios y reunió cuarenta y cuatro documentos con el título de Libro de los Privilegios. Escribió también el Libro de las Profecías, con gran número de pasajes proféticos de la Biblia, con la intención de presentarse como elegido por Dios para llevar el cristianismo al fin de la tierra y obtener allí el oro necesario para reconquistar Jerusalén.
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Y hasta aquí la crónica de este accidentado tercer viaje de Colón.
Colón en la cárcel de Sanlúcar
De como el Almirante dió con sus huesos en la cárcel de Sanlúcar nos da una pista un artículo publicado el el Diario de Cádiz el domingo 6 de febrero de 1916:
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| Cabecera del "Diario de Cádiz", el domingo 6 de febrero de 1916, sobre distintos hechos históricos relacionados con Sanlúcar de Barrameda y especialmente el del lugar en el que estuvo preso Cristobal Colón | |
| Así comienza Genaro Cavestany, Registrador de la Propiedad de Sanlúcar en aquellas fechas, su artículo enviado el 3 de febrero de 1916 y publicado en el Diario de Cádiz el 6 de febrero. |
| Sigue Genaro Cavestany narrando hechos históricos con Sanlúcar como lugar de referencia | |
| Denuncias de Genaro Cavestany ante la desisidia por la conservación del Patrimonio. |
| Colón desembarcó en Sanlucar de Barrameda "cargado de cadenas" | |
| La cárcel donde estuvo Colón era un edificio "que se encontraba en muy buen estado... en la calle de Monte de Piedad". Así escribía en 1916 Genaro Cavestany. |
| Genaro Cavestany pide ya en 1916, la conservación de este edificio histórico, entonces una especie de bodega-granero. | |
Pero no acaba aquí la historia. El mismo día de la publicación de este artículo en el "Diario de Cádiz", Genaro Cavestany, Registrador de la Propiedad de Sanlúcar de Barrameda, envió un oficio al Director de la Real Academia de la Historia, haciéndole constar la publicación de la noticia y rogándole que la Real Academia tomara acciones para la conservación de este edificio. ¿Qué se ha hecho con ello? | |
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