La Almona de Sanlùcar de Barrameda
La Almona, estilo mudejar (siglo XVII – XVIII)
Situada entre la calle Divina Pastora y la plaza del mismo nombre.La Almona, del árabe almuna o jabonerÃa, englobaba una antigua fábrica de jabón y una probable mezquita árabe. Su exterior presenta una disposición propia del clasicismo dieciochesco, dominada por la claridad y simetrÃa de su composición, destacando su disposición geométrica donde se alternan los rombos y cÃrculos de su portada.
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Durante la Guerra Civil sirvió para los cultos de los musulmanes que vivieron en este edificio y que fue convertido durante esos años en un hospital.
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De aquÃ, de la Almona, se cargaban portes de jabones en barco para Chipiona, Rota y El Puerto y por carreteras con arrieros para Trebujena, Lebrija y Las Cabezas, aparte del comercio con Europa y América.
La industria jabonera, invento de alquimistas orientales, tuvo gran importancia en el valle del Guadalquivir. Y es que en esta zona se hizo más fácil y rentable el negocio que siempre tuvieron como monopolio de concesión real las familias nobles y de alcurnia, hasta la polÃtica desamortizadora posterior a las Cortes de Cádiz.
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El auge de esta industria se debe a dos circunstancias insólitamente unidas que se daban en la región bética: ser rica en aceite y en mazacote. El aceite andaluz, claro, limpio, suave, medicinal y de buen gusto, era una de las materias primas fundamentales para el proceso de saponización (técnica que convierte la grasa o aceite en jabón). Las marismas del Guadalquivir proporcionaban el otro elemento básico: el mazacote, también denominado barrillo o sosa. Producto creado a partir de los almarjos: yerbas cuyas cenizas originaban un alcalino sódico que licuado, hervido y tratado en grandes calderas con cal viva y aceite daban consistencia a las piezas de jabón.
Sanlúcar, además, contaba con la cercanÃa del mar, siendo donde por primera vez se utilizó el agua del mar Atlántico para estos procesos quÃmicos. La acción de la sal marina sobre la cal viva mejoró de tal modo la pureza y consistencia del jabón, que es un hecho comprobado documentalmente la espectacular sobrevaloración de las rentas de la almona sanluqueña, durante el reinado de Carlos III.
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Para ver lo que supuso la renta del jabón sólo se tiene que dar un vistazo a los privilegios reales que lo regularon.
En 1425 Juan II reparte el monopolio entre el Almirante Alonso EnrÃquez, su primo el Infante Don Juan, Don Alonso de Luna, y Don Diego Gómez de Sandoval, precisando las condiciones precisas de explotación con mandatos categóricos. Dictándose la orden de a quien hiciese o tratase con jabón fuera de estos elegidos se les expropiarÃa sus enseres, se les pondrÃa una cuantiosa multa y si de bienes materiales careciese, se le condenarÃa con cincuenta azotes públicamente como escarmiento.
SerÃa en las Cortes de Cádiz el 6 de Agosto de 1811 cuando se iniciarÃa el camino de la abolición del monopolio, tanto laboral como económico.
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Isidoro Humanes Sánchez y Montse R. Rey
Fuentes:
- La Almona de Sanlúcar de Barrameda. Manuel Romero Tallafigo. Revista Sanlúcar. Año 1979.
- Web del Aula Gerión (fotos)





















