Iglesia de Santo Domingo
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La Iglesia de Santo Domingo de Sanlúcar de Barrameda, perteneció al antiguo Convento de Santo Domingo, fundado en la primera mitad del siglo XVI por el V Duque de Medina-Sidonia, don Alonso Pérez de Guzmán y su mujer, doña Ana de Aragón; aunque su construcción se realizaría años más tarde, a expensas de la condesa de Niebla y regente de los estados de la Casa de Medina-Sidonia, doña Leonor Manrique de Sotomayor y Zúñiga y terminada por su hijo el VII duque en 1570.
Las instalaciones del antiguo convento pasaron a manos privadas tras la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX, quedando únicamente la iglesia como lugar dedicado al culto. A principios del siglo XX, ésta se convirtió en parroquia. Forma parte del Conjunto histórico-artístico de Sanlúcar de Barrameda declarado como tal en 1973.
Las trazas de la iglesia se atribuyen al arquitecto cordobés Hernán Ruiz II, uno de los principales introductores del Renacimiento arquitectónico en España. Realizó obras civiles y religiosas en las provincias de Badajoz, Cádiz, Córdoba, Huelva, Jaén y Málaga, y fue maestro mayor de las catedrales de Sevilla y Málaga.
La edificación del templo (1564-1570) fue dirigida por el maestro mayor de los duques, Francisco Rodríguez, así como Francisco Corona y Cristóbal de Rojas, este último arquitecto e ingeniero militar que por entonces se encargaba de los trabajos de defensa de la ciudad de Cádiz.
Es una iglesia de estilo renacentista manierista y la única en Sanlúcar de Barrameda realizada íntegramente en cantería, lo que le da un aspecto de fortificación. Con la solidez de la piedra, con el estilo formal y militar, con los muros altos de la portada encerrando el edificio, la iglesia parece una fortaleza. Refleja, en cierto modo, la posición ideológica de la iglesia católica a mediados del siglo XVI. En esta época llegaban a España desde los países del norte de Europa las nuevas ideas reformistas del protestantismo, que ponían en duda las certezas de los dogmas católicos, y algunos aspectos importantes de la fe. En España la iglesia reaccionó “cerrado las puertas” hacia las nuevas ideas y hacerse más fuerte contra ese supuesto peligro liberal. De esta reacción de la iglesia nació la contra-reforma en España.
La Puerta del Compás
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La portada de acceso se terminó en el año 1606 según diseño de Cristóbal de Rojas, una de las figuras más destacada del manierismo andaluz. Está formada por un arco de medio punto que muestra a los dos lados los escudos de la casa Ducal de los Medina Sidonia y queda flanqueado entre pilastras almohadilladas, sobre las que se dispone un frontón trapezoidal con el escudo de los dominicos. En la concepción de estos elementos se inspira en Hernán Ruiz II. La portada se remata con sencillas pirámides sobre cuatros esferas que descansan en peanas rectangulares. Para estos remates, Cristóbal de Rojas se inspira en el Escorial, influenciado por Juan de Herrera. Del conjunto resulta una interesante mezcla de la estética herreriana y la sevillana sobre la base del renacimiento italiano.
Fachada de los Pies
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Fue edificada según las trazas de Hernán Ruiz II. La portada está formada por un arco de medio punto que se enmarca entre pilastras almohadilladas, y sobre la que se dispone un frontón triangular roto que aloja un relieve alusivo a la vida de Santo Domingo y rodeado por los escudos ducales y los de la orden. Todo ello se remata con un sencillo óculo, una ventana para iluminar el coro alto en el interior.
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La puerta principal de madera se halla adornada por clavos en los que se han imprimido calderos con cabezas de sierpe de sinople en cada asa, es el emblema de los Guzmanes. Estos calderos indicaban, allá por los siglos XII y XIII que su poseedor tenía tal abundancia de dinero que podía permitirse, como el rey, tener ejército y, sobre todo, alimentarlo. De ahí la caldera.
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Posteriormente en los siglos XVII y XVIII, se empezaron a representar las calderas con cabezas de serpientes saliendo de su interior. Las serpientes no eran otra cosa que los adornos de los remaches del asa de las calderas que derivaron en dichos reptiles.
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La torre de planta cuadrada que nos recuerda la arquitectura militar de la época, tiene dos unidades distintas: una espadaña con arcos dovelados de medio punto, que presenta la peculiaridad de contar con dos campanas superpuestas en cada vano y sobre está espadaña se levanta una nueva espadañita. En su lateral se ubica una original torrecilla circular abovedada con estrechos vanos que evocan las saetías militares.
El edificio se encuentra coronado por un hermoso antepecho de piedra calada con clásicos jarrones de flores y frutas sobre pedestales que confieren al templo un aspecto de recia fortificación.
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En el exterior destacan sobre el resto, la parte central de la nave de mayor altura que las capillas laterales, el crucero, el volumen de la cúpula, la airosa torre-espadaña y la portada de estilo manierista.
La Nave
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Su planta es de cruz latina inscrita dentro de un rectángulo, y está compuesta por una sola nave con capillas laterales entre contrafuertes, que se comunican entre sí por pequeños huecos entre los muros que las separan. . Este tipo de planta fue muy utilizada por Hernán Ruiz II.
La nave se cubre mediante bóvedas vaídas con luquetes entre arcos fajones que la divide en varios tramos.
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El crucero se cubre con una alta cúpula de media naranja (Hernán Ruiz II) de base octogonal, sobre pechinas que se apoyan a su vez sobre arcos torales mediante sistema de trompas. La cúpula se halla decorada con casetones tallados.
Los brazos del crucero se cubren con bóvedas de cañón decoradas con casetones y dibujos geométricos y clásicos.
La Capilla Mayor
La Capilla Mayor se cubre con bóveda de medio cañón con casetones.
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Presenta en los laterales los sepulcros de los Condes de Niebla, con figuras orantes realizadas en madera jaspeada imitando el mármol, tela encolada y yeso, realizados por Francisco de la Gándara y Martín Christian en el año 1606, y sustituyen a otros de alabastro existentes con anterioridad. Fueron realizados siguiendo la tradición renacentista, a imitación de los que hiciera Pompeyo Leoni para la familia real en el Escorial. Están enterrados: don Juan Claros, IX Conde de Niebla y sus hijos Alonso y Esteban, en frente doña Leonor de Sotomayor y su hija Ana.
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Los sepulcros presentan frontón triangular roto, pilastras y columnas con capiteles corintios.
El Retablo Mayor
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Con anterioridad hubo dos retablos realizados en el S.XVI, el primero por Pedro de Campaña y el segundo por Miguel Adán. De este último se conservan La escultura de Santo Domingo de Guzmán situada en el retablo mayor y la imagen del Cristo de los Milagros (capilla lateral).
El actual retablo mayor es de Pedro Asencio (1761), de estilo rococó y de gran calidad. El frontal del Altar es de plata (1700) de estilo barroco.
En la calle central del retablo aparecen tres hornacinas con formas distintas. En la superior podemos ver la escultura de Santo Domingo. Las calles laterales del cuerpo inferior se enmarcan entre grandes columnas con capiteles dorados de orden compuesto y fustes estriados profusamente decorados, en el tercio inferior llevan estrías helicoidales, residuo del manierismo. Las columnas descansan sobre pedestales rectangulares. A ambos lados hay esculturas en hornacinas casi planas. Además de la decoración de rocalla, en el retablo aparecen fragmentos de frontones curvos y entrantes y salientes que acentúan los claroscuros. Exuberancia decorativa.
El Coro
Se levanta sobre una rebajada bóveda vaída que presenta una decoración renacentista, tallándose la piedra con rosetones y los escudos de la casa de Niebla. En las enjuntas del arco frontal aparecen unos relieves con imágenes de la defensa de Tarifa por Guzmán el Bueno, en el momento de arrojar el puñal con el que los musulmanes asesinaron al hijo de este primer Señor de Sanlúcar.
Capillas Laterales
La iglesia en su interior es de una sola nave, insertándose entre sus contrafuertes capillas laterales que se comunican entre sí por pequeños vanos abiertos en los muros que las separan. Están enmarcadas con soportes de orden compuesto y cubiertas con bóvedas vaídas, decoradas con molduras y florones a la manera renacentista.
Las capillas de los brazos del crucero se cubren mediante bóvedas de medio cañón, adornadas con dibujos geométricos.
Entre ellas destacan:
- La capilla de la virgen de Rosario:
En esta capilla yacen restos de varios gobernadores de la ciudad entre los que se halla Jacinto Velarde asesinado de un disparo en 1714 por Fray Alonso Díaz religioso del convento de San Agustín.
Es un retablo dorado en 1773, de estilo barroco, con columnas salomónicas. En él se ubica una hermosa imagen tallada de la virgen según las formas clasicistas de la escuela sevillana. Debajo se sitúa un pequeño crucifijo de marfil procedente de Filipinas.
La virgen del Rosario es llamada “ La Galeona “ porque se piensa que acompañaba a las flotas de Indias desde Sanlúcar.
- En uno de los retablos del crucero destaca la imagen del Niño Jesús del dulce nombre, llamado Niño Jesús de los panaderos. Es una obra de estilo barroco, imagen titular de una antigua cofradía a la que pertenecían los integrantes de este gremio.
En el templo se establece en 1950 la Real Hermandad del Santísimo Sacramento y cofradía del Cristo de los Milagros y de nuestra Madre y Señora de las Penas llamada popularmente cofradía de los estudiantes.
Sus titulares son la talla protobarroco del Cristo de los Milagros del siglo XVI de Miguel Adán y la virgen de las Penas del XVIII de Juan Astorga.
Las imágenes de san Juan y María Magdalena 1966 son obra de Eslava Rubio.
Las obras pictóricas más importantes que se conservan en el templo son:
- La virgen y el niño de finales XV o principios XVI de estilo hispano flamenco y probable importación de Flandes.
- La sagrada familia del siglo XVII de escuela italiana.
- La virgen de la ternura de escuela cuzqueña que nos recuerda la esencial vocación americanista de este convento.

Santo Domingo de Guzmán
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Los Dominicos
La Orden de Predicadores conocida también como Orden Dominicana y sus miembros como Dominicos, en Francia como Jacobinos, es una orden mendicante de la Iglesia Católica fundada por Domingo de Guzmán en Toulouse durante la Cruzada Albigense, y confirmada por el Papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216.
La cruzada Albigense (denominación derivada de Albi, ciudad situada en el suroeste de Francia), , fue un conflicto armado que tuvo lugar entre los años 1209 y 1244, por iniciativa del papa Inocencio III con el apoyo de la dinastía de los Capetos (reyes de Francia en la época), con el fin de reducir por la fuerza el catarismo, un movimiento religioso calificado como herejía por la Iglesia católica y asentado desde el siglo XII en los territorios feudales del Languedoc, favoreciendo la expansión hacia el sur de las posesiones de la monarquía capetana y sus vasallos.
La Orden Dominicana destacó en el campo de la teología al abrigo de figuras como Alberto Magno o Tomás de Aquino. Muchos miembros de la Orden tomaron parte en la Inquisición Medieval. Fundadora de la Escuela de Salamanca de teología, filosofía y economía. La orden alcanzó su mayor número de miembros durante la expansión del catolicismo en los territorios de América, África y Asia incorporados a las coronas de Portugal y de España, donde la labor de personajes como Bartolomé de las Casas es recordada por su contribución temprana a la defensa de los derechos humanos. La Orden tuvo un declive en la modernidad hasta el siglo XIX, pero pudo recuperar su influencia con el impulso de teólogos como Enrique Lacordaire, participando activamente en el Concilio Vaticano I y desde entonces, contribuyendo al desarrollo del catolicismo contemporáneo. El lema de la Orden es Laudare, Benedicere, Praedicare (Alabar, bendecir y predicar).
Durante un viaje diplomático de Santo Domingo, realizado con su obispo Diego de Acevedo al norte de Europa, fue encargado del intento de conversión de los cátaros instalados en el sur de Francia. Hacia 1206, organizó con la aprobación del Papa, un grupo de predicación que imitaba las costumbres de los cátaros, viviendo pobremente, sin criados ni posesiones, pero sus intentos fueron un fracaso, lo que decidió el uso de la fuerza y el inicio de la llamada cruzada contra los cátaros.
Santo Domingo continúa madurando su idea y se va a vivir a la diócesis de Toulouse, donde fundó un monasterio femenino en Prohuille. Finalmente, hacia 1215 organizó la primera comunidad formal de "hermanos predicadores", como fue llamada la Orden naciente. Se componía de 16 integrantes. Dicha comunidad se guiaba bajo la regla de San Agustín y vivía en conventos o casas urbanas, El lema escogido fue «Contemplar y dar a otros lo contemplado». Todo esto fue novedoso para la época, pues hasta entonces, los religiosos vivían en monasterios y no se dedicaban a la predicación, la cual era oficio propio de los obispos. Los dominicos tomaron como ejes de su carisma el estudio y la predicación, unidos a la pobreza mendicante. De forma paralela a la fundación de los Predicadores, y de las monjas, nació la Milicia de Jesucristo, después conocida como Tercera Orden de la Penitencia de Predicadores, que sería la rama seglar de la organización
La Orden fue aprobada por el papa Honorio III en 1216. Pocos años después Santo Domingo tomó la decisión de dispersar al pequeño grupo, enviándolo a lugares claves de la Europa de entonces: París y Bolonia, donde se encontraban las dos principales universidades del mundo occidental. El éxito fue inmediato. Si en 1221, cuando murió su fundador, los dominicos eran alrededor de 300 frailes, unos cincuenta años más tarde el número rodeaba los 10.000 miembros. Hasta el siglo XIX, los dominicos representaron la segunda comunidad masculina más numerosa, después de los franciscanos.
Pronto se hicieron muy populares, y grandes teólogos se forjaron en sus filas. Los casos más renombrados son los de Tomás de Aquino, Alberto Magno, Meister Eckart y Vicente Ferrer.
La preparación y formación teológica expuesta tanto por los dominicos como por los franciscanos hizo que al fundarse la Inquisición, en 1231, las autoridades se fijaran en estos religiosos y le confiaran su organización, que llevaron adelante con mucho celo, al punto de que los primeros quedaron asociados para siempre con este célebre tribunal. Tal vez los más famosos inquisidores son Bernardo Gui (o de Guio) y Tomás de Torquemada, ambos dominicos.
Tras una decadencia que afectó a todas las órdenes religiosas en general durante el siglo XIV, los dominicos se reformaron en el siglo XV, y tuvieron una nueva época de gloria intelectual que protagonizaron los dominicos del Convento de San Esteban de Salamanca, donde se forjó la Escuela de Salamanca, en su faceta teológica, que daría después sus frutos en la filosofía, el derecho y la economía, con personajes de la talla de Francisco de Vitoria, Tomás de Mercado o Domingo de Soto, que hicieron unos planteamientos sobre los problemas de la sociedad inusualmente avanzados.
Mientras tanto se enfrentaban a una nueva tarea: la Evangelización de América. Su trabajo allí fue muy importante y en los anales de la historia se tiene en especial consideración a Fray Bartolomé de las Casas, Fr. Antonio de Montesinos, Fr. Pedro de Córdoba, San Luis Beltrán y otros más por su labor en la defensa de los derechos de los indígenas americanos.
En América, los Dominicos también intervinieron en la educación de la población criolla, a través de la fundación de centros universitarios y en la propagación de prácticas y devociones que aún hoy están presentes entre la población católica, como la devoción a la Virgen María a través del rezo del rosario.
Al advenir la época de las revoluciones (siglos XVIII-XIX) tanto en Europa como en América, la Orden soportó la crisis más grande de su historia. La inobservancia, la laxitud, la aridez intelectual, unida a los ataques que desde el exterior lanzaron las autoridades políticas de corte liberal, la llevaron a casi desaparecer por completo. A partir del siglo XIX comenzó una segunda restauración, si bien el número de religiosos nunca volvió a tener el guarismo de otras épocas. Uno de los restauradores más conocidos por su influencia en Francia y en Europa en general, fue Enrique Lacordaire.
En el siglo XX la Orden Dominicana recuperó parte de su antiguo esplendor en el campo teológico y pastoral. Por medio de teólogos como Marie Dominique Chenu, Yves Congar Santiago Ramírez y Aniceto Fernández, entre otros, los dominicos tuvieron una influyente participación en el Concilio Vaticano II. En la actualidad, los alrededor de 6500 frailes que existen se dedican especialmente al estudio teológico y filosófico, a la pastoral en parroquias, a la misión y la enseñanza en centros de estudio.
La Leyenda
Se describe en la "Leyenda" de Santo Domingo de Guzmán, obra del fraile español Pedro Ferrand, lo siguiente: Juana de Aza, estando embarazada del santo, tuvo un sueño en el que daba a luz un cachorro que portaba una antorcha encendida en su boca y un globo a sus pies. Inquietada por el sueño, peregrinó a un monasterio benedictino cercano fundado por Santo Domingo de Silos, el cual interpretó la antorcha encendida como la luz que el niño daría al mundo (el globo ) con su predicación. Según la "Leyenda", agradecida la madre, puso el nombre de aquél a su futuro hijo. Los propios dominicos se considerarían a sí mismos como los perros pastores de la Iglesia La estrella, presente en el «stemma liliatum» (escudo liliado) de la Orden, es descrita en otro episodio de la "Leyenda", que narra cómo durante el bautismo del predicador apareció una estrella en su frente. En cuanto al origen de la cruz del escudo de los dominicos, responde a otro atributo del santo, la flor de lis, presente ya en forma de cruz flordelisada en el propio escudo de la familia Aza (tuvieron varios en su historia, y muchos de ellos siguen vigentes en su uso) una cruz flordelisada con los colores de la orden.
Estos son los atributos más importantes junto a la iconografía del rosario, el cual le fuera revelado a Santo Domingo por la Virgen María en otro episodio mítico de su vida. El rosario sería uno de los ejes principales de doctrina de la Orden de Santo Domingo.
Su hábito es blanco y consiste en una cogulla (túnica con capucha), escapulario y un rosario de 15 misterios sujeto al cinto; y, para el invierno, capa de color negro. Hasta entrado el siglo XX, era común que llevaran tonsura, lo que hoy no se practica más
El gobierno máximo de la Orden reside en el Capítulo General, que se reúne cada 3 años. Para el gobierno cotidiano, el Capítulo General elige un Maestro de la Orden que gobierna durante un período de 9 años en sucesión de santo Domingo. El Maestro de la Orden, junto con la Curia Generalicia radicada en Roma, en el antiguo Convento y Basílica de Santa Sabina, en el Aventino. El actual Maestro de la Orden es Fray Carlos Aspiroz Costa (electo en 2001).
Los Dominicos y Sanlucar de Barrameda
El extraordinario prestigio de la religión de la Orden de Predicadores y el parentesco Santo Domingo de Guzmán, con los señores de Sanlúcar, movió los deseos de éstos a buscarles casa para establecerles en lo que ya era estimado como la capital de su señorío.
Las primeras gestiones para el logro del propósito estuvieron en las manos de don Enrique de Guzmán, II duque de Medina Sidonia y su mujer doña Leonor de Rivera y Mendoza, hija del famoso Pero Afán. Devotísimos ambos de la Orden, trabajaron ahincadamente para conseguir, en 1479, de la Santidad de Sixto IV, dos Bulas de fundación, una para religiosas y otra para religiosos. Parece que tanto las unas como los otros llegaron a Sanlúcar al año siguiente. Las primeras, que eran seis señoras de reclusión voluntaria, vinieron de Sevilla, estableciéndose en unas casas que ya les tenía compradas doña Leonor, en un lugar de la manzana que hoy ocupa el convento de Madre de Dios.
Los religiosos llegaron por la misma fecha, en reducido número. Según el parecer de algunos historiadores, ocuparon la ermita del Espíritu Santo, situada en los aledaños de un pinar del que la ermita tomó el nombre; años después el castillo, que ocupaba el promontorio cercano a las Piletas, tomó el mismo nombre. Castillo que, como es sabido, levantó, a su costa, el duque VII de Medina Sidonia.
Debido a la importancia, cada vez más creciente del puerto de Sanlúcar, por haber quedado residenciado en Sevilla todo el monopolio comercial de las Indias, quedaron de acuerdo ambas partes en que los duques levantarían el convento sobre el lugar donde ya estos habían comprado ocho casas grandes, de techos pajizos. Esto ocurría en 1522. Veintiseis años después, o sea, en 1548, el monasterio estaba concluido.
Pero la fundación no quedó terminada como la comodidad de los religiosos requería y la importancia de la ciudad reclamaba. Fue entonces cuando la nuera del duque don Juan, doña Leonor Manrique de Sotomayor y su esposo don Juan Claros de Guzmán, conde de Niebla, acometieron la empresa gigantesca de levantar una iglesia, cuya fábrica alcanzó la admiración de toda la comarca. Don Juan dota al convento con 35.000 maravedíes de renta y doce atunes al año para la comida de Vigilia 1570.
Transformación en Bodega del Convento de Santo Domingo. La Desamortización.
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El triunfo del Liberalismo en España a partir de 1833 va a suponer el golpe de gracia al Antiguo Régimen. La desamortización de este convento y su posterior transformación en bodega, es un ejemplo del cambio que sufrieron éste y otros inmuebles sacros del conjunto patrimonial sanluqueño a mediados del siglo XIX.
En este peculiar ambiente se produce una fuerte epidemia de cólera, coletazo de la peste que asalto Europa y el norte de África, trajo como secuela que se culpara de ello a los frailes, a los que se les acusan de ser los propagadores del envenenamiento de las aguas, y como consecuencia mucho de sus conventos fueron asaltados y buen numero de ellos asesinados.
Por este motivo la Regente trato de aliviar la situación con medidas anticlericales a menos de un mes de formar gobierno, como la disolución de la Compañía de Jesús. Pero como seguía sin contentar los ánimos, el ministro de Hacienda Juan Álvarez Méndez, conocido como Mendizábal, accedió a la presidencia del gobierno con la promesa de solucionar de forma rápida las dos lacras que arrastraba la nación: la guerra civil y la bancarrota. Creyó que la solución perfecta sería la desamortización de los bienes de la Iglesia. Por otro lado, Napoleón con la entrada de sus tropas intenta acabar con la España medieval y entre otras medidas, reduce a un tercio los conventos, concentrando a los profesos de una misma orden en una sola casa o la drástica del José Bonaparte en suprimir todas las ordenes regulares, declarando bien nacional los pertenecientes a estos.
Mendizábal llevó a efecto la desamortización suspendiendo las órdenes religiosas excepto las de beneficencia. El estado tomó posesión de los conventos y de sus bienes sacándolos a pública subasta.
Las cosas no fueron como se esperaba. La riqueza de la Iglesia no alcanzaba el grado esperado, empobrecido en los últimos tiempos. Su precipitación en liquidar la subasta lo más pronto posible, hizo que los bienes se rematasen en precios bajísimos.
La fórmula era la siguiente: La venta debía de hacerse en pública subasta partiendo las pujas de un mínimo inicial del valor de tasación. La inmediata subasta de un bien aun no tasado quedaba en posición ventajosa para acceder a su compra, ya que si nadie participaba, se le adjudicaba por ese precio. El pago podía hacerse en dinero o con los depreciados títulos de la deuda del estado.
Desamortización del convento de Santo Domingo y su transformación en bodega:
Primero fueron los años de la invasión francesa, en que permaneció cerrado y su iglesia transformada en ayudantía de parroquia; aunque logró recuperarse con la vuelta de los frailes en febrero de 1813, siendo uno de los pocos que quedo abierto en Sanlúcar en 1821, acogiendo incluso a los religiosos de otras casas de la Orden como las de Puerto de Sta. María y Jerez.
La compra del inmueble tras un período en que fue arrendada a particulares, después de su exclaustración, se realizo en subasta pública en 24 de Enero y fue comprada por el vecino de Sanlúcar José Mª Brisen en la cantidad de 600.002 reales. Quedó excluida de la venta el templo y la sacristía. Sí embargo diferentes lecturas de la escritura de venta entre el comprador y la Vicaría de Sanlúcar, originaron una agria polémica que se prolongó por dos años .Él primero pretendió la posesión plena del edificio sin ningún tipo de servidumbre, el segundo mantenía el derecho de la enajenación de la reja y capilla del Cristo, también llamada del Ntro. Padre Jesús de los Milagros, en el transito a la portería, por dónde se pasaba a la sacristía, por ser necesaria para acceder al coro y campanario.
José Mª Brisen había solicitado la llave de la citada reja para separarla “al hacer la enajenación de los conventos, no habrá dispuesto de las Iglesias ni de los objetos pertenecientes al culto divino que por Real Orden están mandados conservar y entregar a los respectivos diocesanos” por lo que solicitaba que el comprador suspendiese la extracción de la reja, la única seguridad de la capilla.
Tres días más tarde en carta al intendente de renta de la provincia de Cádiz, este señor expresaba sus derechos al quedar la reja comprendida en el precio del expediente de subasta, y que por ello, se había presentado ese primero de mes para incomunicar la puertas falsas de la Iglesia y sacristía que se hallaban en su patio, a lo que se había opuesto el sacristán alegando que primero tenía que dar cuanta a vicario, que igualmente lo denegó.
El intendente solicitó un informe que fue favorable al comprador, por lo que mando oficio notificándole los derechos de compra “pudiendo hacer uso que guste o le convenga de ella”, pero que si en la capilla había imágenes sagradas, las podía extraer y colocar en la Iglesia, no así si había algún altar, que perteneciese a Bienes Nacionales, que debería entregar a un subalterno de amortización comunicándole día y hora.
El vicario se opuso amparándose que no variaría hasta no recibir orden contraria por el gobernador eclesiástico del arzobispado. Días más tarde se produjo contestación del arzobispado que dio la razón al vicario. Las iglesias procedentes de conventos suprimidos y todos sus objetos de culto y servicios estaban a disposición de los prelados diocesanos, en calidad de auxiliares o ayudantias de parroquias.
El ministro de Gracia y Justicia se dirigió al de <hacienda para que suspendiese cautelarmente el derribo e incomunicación deseado por el comprador hasta reunir antecedentes para tomar una dedición en firme
Brisen escribió al ministro de Hacienda, diciéndole que la incomunicación que pretendía no impediría el toque de la pequeña campana o esquilos de la torre, a la que se accedía por el coro “ siendo fácil colocar una escalera a éste por el pie de la Iglesia, desde cuyo sitio con una cuerda se ha tocado siempre la campana”, ni tampoco la capilla tenia concurrencia de fieles, por ser paraje pobre y poco a propósito para rendir culto a la imagen allí colocada, que era un Cristo pintado en la pared”, por ello pedía que no se le exigiese el pago de la segunda mitad de su compra.
Durante un año estuvo en suspenso el contencioso hasta adoptar una resolución. Dicha resolución daba la razón al comprador de que podía hacer lo que quisiera con la capilla. Brisen procedió a resolver por la fuerza de los hechos lo que los papeles no habían conseguido, ordenando que la reja se quitase y se incomunicaran las puertas. Cinco horas más tarde de haber comenzados las obras fue nuevamente interrumpida por lo que al día siguiente pidió la protección de la autoridad, que le fue concedida. Dándosele vía libre a la acción del comprador.
Nueve años más tarde vendió el edificio a Manuel Colom, desde entonces el edificio se ha utilizado como bodega, hecho que ha permitido que este edificio permanezca en pie. Destaca el magnífico artesonado del refectorio. La techumbre de “La Sacristía” nombre que hoy conserva esta sala bodeguera por asimilación simbólica con el término religioso, ya que aquí duermen los más selectos vinos .El capitel-péndola sobre el muro del patio medianero con la Iglesia. La huella de la puerta de medio punto clausurada que comunicaba con el templo, que hemos visto fue una de las causas de este contencioso, o la magnífica portada manierista inmediata a dicho muro.
Juana Macías,
José Patricio Torres,
Carmen de Pineda,
Francisco Garrido,
Michele Boinet,
Carmen Loli Cuevas,
Emilia Vital,
Mariló Cuevas.


































Comentarios
Paco garrido
D. Roque Marín fue un alcalde ilustrado que tuvo un papel destacado en la instrucción del crimen perpetrado por fray Pablo de San Benito en las inmediaciones de la parroquia del Carmen el domingo 6 de marzo de 1774. Para saber más de este personaje seguir este enlace:
www.patrimoniodesanlucar.es/sanlucar-ciudad-abierta/conjunto-historico-artistico/monumentos/parroquia-del-carmen.html?start=1
lola
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