CUADRO DEL VENERABLE PADRE ESTEBAN DE ADOÁIN
Se encuentra en el sotocoro, a los pies de la nave del evangelio. Es un gran lienzo con una escena de la vida del Venerable Padre de Adoáin. Su autor fue el pintor Antonio de Quesada y lo realizo en 1887, siete años después de la muerte del capuchino.De gran interés por reflejar un aspecto de su labor misionera. En este cuadro se presenta predicando a sus fieles sanluqueños, en el que se recogen costumbres sanluqueñas de la época.
A la manera de fotografía, Quesada lo había retratado años antes cuando el fraile se hospedó en casa de Hoyos Limón. También retrata a más de una docena de miembros de las clases privilegiadas sanluqueñas; burgueses, aristócratas, militares y clérigos, todos vestidos con sus mejores galas, condecoraciones y medallas.
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En primer plano el matrimonio formado por el sanluqueño Andrés de Hoyos de Limón y la sevillana Concepción Rodiño, protectores y asiduos del convento. En segundo fila el arcipreste de la localidad Francisco Rubio Contreras, más atrás José de Aldama, Conde de Aldama, acompañado del beato Marcelo Spinola y Maestre. En el último plano quedan otros prohombres sanluqueños y finalmente el pueblo llano, con mayor presencia femenina y en edad madura que se cubren con tocados.
Con respecto al Padre Adoáin, se sitúa en un nivel superior, para ser visto y escuchado por la multitud, se muestra frontal y solemne, con el pie izquierdo avanzado, ya anciano pero todavía con fuerzas, gesticulando con los brazos, el derecho para levantar el crucifijo y el otro al aire. Su rostro majestuoso por su blanca corona, bigote y barba, nos muestra un hombre lleno de sabiduría que es escuchado con orgullo por el resto de la comunidad, concretamente once frailes son los que aparecen el cuadro.
Como nota anecdótica la composición se cierra por ese lado con la presencia de tres guardias civiles vestidos de gala, posiblemente a caballo por quedar más altos. De estilo correcto, buen dibujo y pincelada prieta detallista, su paleta no es rica, limitada a los hábitos de los frailes, los negros y los grisáceos del cielo nublado. Con mínimos detalles de color.
ESCULTURAS DEL SOTOCORO
En el sotocoro, en dos hornacinas abiertas en el muro que comunica con las naves, se disponen dos imágenes de bulto redondo de estética barroca: San Francisco meditando con el crucifijo y San Antonio de Padua con el niño. La primera de pie, frontal y mostrándose estático, mira absorto el crucifijo que sostiene con ambas manos, intentando ahondar en sus sentimientos y en las eternas verdades.El autor se recrea en el tratamiento de manos y pies, muy recios, que aunque apenas salen del embozo del hábito, nos muestran los estigmas que lo igualan a Cristo, llega a rasgar el hábito para que veamos la llaga del costado. Su rostro fuerte, con corona, bigote y barba negra, resaltando su catadura de ocre de su indumentaria, apenas enriquecida por el dorado esgrafiado del capuchón y de los bordes de mangas y bajos, decorados con flores rojas y moradas,
La otra talla procede de San Fernando. Muestra una hechura más grácil y dulce, su cuerpo curvilíneo en forma de S determinado por el avance de la pierna izquierda, que nos muestra el pie enfundado en su sandalia, acompañado de un querube, mientras la otra, en sostén se apoya en una peana nubosa y plateada de dos ángeles. Su rostro muestra alegría por sostener el carnoso cuerpecito del niño en movimiento, lo que lleva a cogerlo con fuerza, pasando la mano izquierda por debajo de su costado y la otra sosteniendo sus posaderas. Entre ambos rostros se establece una comunicación con el cruce de sus miradas y el roce de la mano del niño en el mentón del santo.
Las dos esculturas fueron restauradas por José Marmolejo y María José Gómez en 1995.
EL BAJO CORO
En el bajo coro, situado detrás del altar mayor, como es preceptivo en los templos de capuchinos para la adoración del Santísimo y el canto de la comunidad, se dispone una sillería de coro fija de madera de pino, pintada de color caoba, primeramente con un entarimado para aislar los pies del suelo. De planta en U, con dos órdenes de sillas, alto y bajo, ambos de extrema sencillez y escaso valor artístico que permite calificarle de pobre, como corresponde a la ideología de la Orden, ya que lo que prima en ella es la funcionalidad, pues sólo la adornan sencillos listeles lisos para encuadrar los paneles rectangulares de asientos y respaldos.
La sillería se complementaba con dos banquillos, una tarimilla, cinco navetas con cal para escupir y tres gavetas de madera donde se guardaban dos salterios y un breviario para los Divinos Oficios, un diurnal pequeño y un martirologio.
Con antelación a 1810 ya se disponía en sus muros de un crucificado de tamaño natural, calificado de grande y de cuerpo entero, que no aparece en los inventarios de 1821 y 1835. Actualmente se conserva en el mismo lugar una buena talla de escuela sevillana del primer tercio del XVII, en la línea de Francisco de Ocampo, y que también recuerda al sevillano Cristo del Buen Fin de Sebastián Rodríguez de 1645, de rostro ovalado que se deja caer sobre la derecha tras su expiración, de larga melena ondulante y barba bífida, que deja entrever la oreja izquierda y esa parte del cuello, y que formalmente responde a fórmulas tardomanieristas por su escaso pero correcto tratamiento anatómico. Presenta sudario anudado con una soga de estética mesina, que se pliega en el vientre y con moña en la cadera derecha, con lazo de volada caída que permite a su autor recrearse en el muslo derecho, como Juan de Mesa en el Cristo de la Buena Muerte de 1612. De carnación brillante, la policromía le hace sangrar levemente la frente, perlada, las manos y los pies agujereados por los clavos, la herida del costado y las descarnadas por las tres caídas. La cruz plana, o cepillada, no parece la original.
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Anteriormente lo decoraban ocho lienzos, uno de ellos una Dolorosa, que en 1821 se redujeron a cuatro, con los temas de los Desposorios de la Virgen, la Magdalena en casa del fariseo, Santa Clara y Santa Rosa este último muy deteriorado para 1835, cuando en lugar del resto de esas pinturas se citan dos lienzos con San Pedro y San Juan Bautista, y otros dos con un Santiago Apóstol y un San Lucas evangelista.
EL FACISTOL
En el centro de la estancia se dispone un facistol donación de los infantes de Orleáns-Borbón, procedente de la capilla de su palacio del Barrio alto, y quizás originario de la capilla del palacio sevillano de San Telmo. Es de buena calidad, con peana de cuatro barrocas volutas en Ces terminadas en garras, astil de basa de grueso toro y varios baquetones, el central más engrosado y con ovas, y fuste sin éntasis y muy corto, que se enriquece con un contrario o collar de perlas que lo envuelve, dándoles forma de salomónica de cuatro segmentos de vueltas completas y dos terminaciones. Sobre el capitel, de orden compuesto, se alza una volada almohadilla gallonada donde carga la plataforma cuadrada de la atrilera, de lomos articulados con dos apliques en los extremos de cinco glifos con caídas de manzanas achatadas, alzándose sobre ese tablero, y de forma retrasada, el cuerpo piramidal donde reposan los libros, de lados trapezoidales, destacando uno moldurado con una exuberante ornamentación de tallos vegetales que parten de una carátula zoomórfica inferior y una femenina, mucho más abultada, en la zona central.
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Cuerpo que se remata con una caja moldurada con ménsulas como capiteles en los pequeños extremos y frisos tallados con similares motivos vegetales y cabezasfemeninas, que culminan nuevas molduras gallonadas y pequeños pináculos en los ángulos.
Mercedes Gómez Dorado y Pepa García Herrera
Fuente: El Convento Sanluqueño de Capuchinos.
Fernando Cruz Isidoro
Glosario
- Atrilera:
Cubierta que se pone al atril o facistol. - Baquetones:
Molduras de perfil semicircular. - Breviario:
Libro que contiene las oraciones eclesiásticas de todo el año. - Diurnal:
Se trata de un libro para orar basado en la Liturgia de las Horas. Edición más resumida del “breviario” con el que los sacerdotes rezan el Oficio Divino - Éntasis:
Zona de la columna griega cuya sección posee mayor diámetro. - Facistol:
Atril grande de las iglesias donde ponen los libros para cantar. - Frisos:
Banda horizontal con que se adorna la parte inferior de las paredes. - Fuste:
Parte de la columna que tiene forma de cilindro alargado y está comprendida entre la basa y el capitel. - Gaveta:
Cajón corredizo que hay en algunos muebles, como los escritorios. - Glifos:
Ornamento que consiste en trazos grabados en hueco o canales con que se interrumpe una superficie lisa. - Martirologio:
Lista de los mártires de la religión cristiana. - Ménsulas:
Repisas para sustentar cualquier cosa. - Moldura gallonada:
Moldura con forma que recuerda o imita el aspecto de los gajos de una naranja. - Naveta:
Pequeño recipiente litúrgico, generalmente en forma de nave. - Ovas:
Adorno en forma de huevo, generalmente con el extremo apuntando hacia abajo, que se sobrepone a algunas molduras. - Salterio:
Compendio o colección salmos, composiciones líricas musicales sagradas.


















