CEPER Mardeleva. Curso de Patrimonio

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El Retablo Mayor

El Retablo mayor que podemos contemplar en estos momentos en el convento de Capuchinos no es el que se nos mostraba en sus orígenes, el primitivo era de planta lineal y separaba la capilla del coro bajo, ocupando por entero el hueco entre los muros. Era de un solo cuerpo de tres calles y ático.
El nuevo retablo que se conserva a día de hoy, posee la misma planta del anterior, de estilo neoclásico y color madera de cedro, podemos situarlo en el último cuarto del siglo XIX. En su ático, este nuevo retablo, se curva para acomodarse así a la forma circular del muro, es sencillo, sólo presenta pilastras de capiteles toscanos y lisos fustes en los extremos, que apean sobre voladas ménsulas, descansando sobre ella, otra que actúa como medio punto.

Retablo Mayor

La mesa del altar estaba realizada en mármol rojo, que fue un añadido de los años 50, aunque hoy día no puede observarse al quedar tapado por la misma madera de cedro de la que está constituído el retablo. El altar fue reconstruído con las mismas columnas toscanas de la hornacina central del retablo, creando a la vista una continuidad que se prolonga hacia el suelo, este suplemento rectangular alberga un crucifijo de madera policromada con el Smo. Cristo de las Misericordias, cuya particularidad es la disposición de sus brazos y la mirada elevada hacia el cielo. Está realizado sobre cruz plana de ébano con apliques de plata, del orfebre sevillano Enrique Ordóñez y una peana de cobre con una pintura ennegrecida que lo recubre.

Smo. Cristo de las Misericordias


Completa el retablo un sagrario barroco de caoba en su color, de planta cuadrangular, se eleva sobre un basamento enriquecido con  incrustaciones de  pequeñas tablillas de marfil hechas con teclas de piano, decoradas con motivos vegetales.
Lo decoran cuatro columnas salomónicas y parejas de columnas toscanas de ébano con motivos de esquina de pez, y fuste con pequeñas cruces de nácar a modo de rosetas de cuatro pétalos y unos dados de marfil que aguantan una cornisa con pretil abalaustrado, con dos pequeños medallones de nácar en los extremos y otro de mayor tamaño en el centro que representa la Sagrada Cena que incorporó en 1.989 el sanluqueño Manuel Ruiz Romero (antiguo director de la escuela taller municipal de talla).
En la puertezuela destaca la pintura de Cristo Niño Buen Pastor de la escuela sevillana del primer tercio del S. XVIII. La figura del Niño se representa sentado sobre una peña respaldado por el tronco de un árbol, vestido de forma descuidada, con rostro sonriente y cuidado peinado nos mira directamente. Es una de las obras pictóricas de mayor interés conservadas en el convento.

Sagrario barroco de caoba

Sobre el banco del retablo se eleva un primer cuerpo articulado en torno a una hornacina central adintelada, con columnas toscanas sobrepuestas a una estructura anterior de mayor anchura, formando un auténtico portal que acoge a la imagen de San Francisco de Asís meditando ante el crucifijo, de pie, frontal y estático, de estilo barroco, muestra claramente los estigmas que lo igualan a Cristo e incluso llega a rajar el hábito para verse la llaga del costado, reposa la mirada sobre un crucifijo que porta en su mano izquierda. Su indumentaria se nos muestra ligeramente enriquecida por un esgrafiado dorado en el capuchón y decorada con flores las mangas y los bajos del hábito. La imagen fue restaurada en 1995, donde se le repusieron ocho dedos y se le colocó una aureola y un crucifijo nuevos.

Imagen de San Francisco de Asís

Siguiendo con la estructura del retablo, se aprecia el entablamento y frontón recto, en cuyo tímpano descansa un crucificado de color marfil donado por Ortega y Calderón en 1683, su estética es barroca naturalista, posiblemente hispano-filipino, salido de algún taller de Manila, la particularidad de este crucificado es que los brazos se disponen en ángulo muy cerrado, algo que puede estar determinado por el material o también se puede interpretar como una supuesta significación simbólica de tinte herético, llamado por algunos autores como “crucificados jansenistas” iconografía de la doctrina de Cornelis Jansen, heresiarca holandés del XVII que exageraba las ideas de San Agustín sobre la influencia de la gracia divina para hacer el bien, una doctrina que defendía que el hombre tenía poca libertad de decisión para alcanzar por sus medios la salvación eterna, viéndose abocado al bien o al mal, según se hallare dominado por la gracia o por la deshonestidad, no pudiendo resistirse ni a la una ni a la otra. A esta teoría, que se expresa a través de la iconografía que nos ocupa,  se le rendía culto en oratorios privados, dando a entender la imagen de brazos muy cerrados que sólo acogería a una parte minoritaria de la humanidad, la de los elegidos, ya determinada desde el principio de los tiempos. Este sistema doctrinal fue condenado por el Santo Oficio en 1641 y se confirmó por el papa Urbano II al año siguiente.
Las calles laterales del retablo, se presentan sin orden y acogen cuatro lienzos, dos a cada lado, separados por listeles y coronados por un delgado frontón curvo que remata cuadros de venerables capuchinos. La parte superior muestra un enmarque del camarín simulando pictóricamente un apilastrado cajeado, decorado con rosetas y de terminaciones curvas al centro donde se representan los escudos de la orden dominica a la derecha y la franciscana a la izquierda. En la parte superior, sobre dos palmas, aparecen pintados dos escudos uno con el I.H.S. y el otro con el anagrama de María cobijados ambos por corona real. El espacio a cada lado se aprovecha para la disposición de dos lienzos, uno encima del otro, bajo frontones rectos y otro diminuto que se desplaza al centro, acomodándose de esta manera a la terminación del retablo.
Estos diez lienzos que decoran el retablo son de factura diversa y fueron restaurados en 1994, así, de los cuatro inferiores tres de ellos son copias de Murillo, hechas por González Gallego en 1903, con los temas de San Antonio de Padua con el Niño, San José con el Niño y San Félix Cantalicio con el Niño. Otros cinco pertenecen a la segunda mitad del siglo XIX y representan a venerables capuchinos con una pincelada prieta y paleta limitada prácticamente a tonos marrones. En el extremo izquierdo del banco el Beato Diego José de Cádiz, encima de este cuadro se dispone un Fray Bernardo Offida, sobre este se encuentra San Lorenzo de Brindis que fue General de la Orden desde 1602. En el lado derecho del retablo sobre San Félix Cantalicio, se representa la Aparición de Cristo al beato Bernardo de Corleone, beatificado en 1768, encima de este lienzo el del Beato fray Ángel de Acri, beatificado en 1825. Completan el retablo en su parte superior dos recortadas obras que nada tienen que ver con el resto de los lienzos, son de estilo barroco del último cuarto del XVII, de procedencia italiana, en el de la izquierda se representa Cristo Salvador del Mundo derivado del realizado por Leonardo Da Vinci, en el lado derecho una Virgen María que parece copia de la Virgen del Sudor del convento de Madre de Dios.

Y por último, y completando de esta manera el retablo, en la hornacina superior se venera la imagen de la Virgen del Buen Viaje, patrona y antigua dueña de la iglesia, pues a ella se le atribuye milagros entre los hombres de la mar, a la que se encomendaban en sus largas travesías, siendo uno de ellos, Francisco de Campos, quien tras ponerse a su amparo salvó del naufragio a él y a toda su tripulación cuando zozobraba su nave cerca de las costas de Manila, información que se obtiene de la carta remitida en 1636 al padre guardián del convento, junto con esta carta, llega como acción de gracias  dos coronas, una para la virgen y otra para su hijo. La escultura es realizada por el maestro sevillano Gaspar Ginés, produciéndose el encargo por el duque Don Manuel Alonso Pérez de Guzmán en el año 1634. Su coste de realización alcanzó los 1.800 reales, siendo una de las más caras de su época ya que su autor estaba formado en el ambiente de Martínez Montañés.

Virgen del Buen Viaje

En sus orígenes fue una imagen de talla completa, hoy alterada, conservando sólo esculpida la cabeza, brazos y manos, está alteración se hizo necesaria para poder vestirla, la caída de cabellos por detrás también fue serrado para poderle colocar velo y pelo postizo. Porta en su mano izquierda a su Hijo y en la derecha un barquito símbolo de la protección que ejerce sobre los navegantes, la nave está realizada en plata y  fue una donación del propio duque. Las proporciones de la imagen son en su altura de unos 92 cm., realizada en material de cedro, se nos presenta estática y de frente. El rostro de la imagen mariana es ovalado y bien proporcionado, destacado mentón, nariz recta y ojos almendrados enmarcados por unas cejas muy finas y frente despejada. Sus dedos se curvan en el aire para acoger al niño y a la nave. En cuanto al Niño, se muestra sentado, es de talla completa, de la misma estética montañesina del conjunto al que pertenece, viste túnica policromada y dorada, con brazo izquierdo extendido donde se le ha añadido una pequeña fragata en su mano. Una peana de media luna en plata remata la obra escultórica.

 Carmen Luján y Montse R. Rey


Fuente:

  • El convento sanluqueño de capuchinos. Arte e historia de una Fundación Guzmana. Fernando Cruz Isidoro.
    Anotaciones del Padre Capuchino Eduardo.
  • Fotografías de María José Sánchez Rodríguez y José Mármol.

GLOSARIO de términos:

BOVEDA VAÍDA O BAÍDA: Recibe también el nombre popular de "bóveda de pañuelo", por su parecido con un pañuelo cuadrado que, sujetado por sus cuatro vértices, se hiciera bajar paralelo al plano horizontal, provocando en  el aire atrapado, la curvatura típica de este tipo de bóveda.

JANSENISMO: Movimiento religioso de la Iglesia Católica, principalmente en Europa, perteneciente a los S. XVII y posteriores.

HERESIARCA: Autor o instigador de una herejía (opinión o doctrina errónea opuesta al dogma existente).

ESGRAFIADO: Técnica de dibujo que consiste en hacer incisiones sobre el cuerpo del objeto o pared, en su parte superficial, de manera que quede al descubierto la capa inferior.

MONTAÑESINO: De Martínez Montañés, máximo exponente de la escuela sevillana de imaginería.

IMPOSTAS: Saliente que separa los pisos.

PILASTRA: Pilar o columna pegada a la pared.

CAJEADO: Hacer una caja o hueco en una pieza para ensamblarla con otra.

ENJUNTAS: Superficies triangulares curvas, comprendidas entre el arco y un rectángulo imaginario que lo contenga.

 

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