Retablo de la Divina Pastora
Su embocadura, labrada en mármol rojo, blanco y negro fue sufragada en 1.950 por el Infante Don Alfonso de Orleáns y Borbón (nieto de Isabel II y del Duque de Montpensier) y su esposa la Princesa Beatriz de Sajonia (nieta de la reina Victoria de Reino Unido); también donaron un ánfora plateado con el escudo de la Orden, que sale en procesión.Los Infantes obtuvieron la gracia de poder ser enterrados, al igual que sus hijos, bajo el retablo, accediendo a su sepulcro por la losa blanca de mármol que vemos en el suelo ante la imagen de la Virgen.
El retablo es neoclásico de un solo cuerpo con un vano de medio punto. Adornado por 4 pilastras negras con mas de la mitad inferior estriado, basas rojas y capiteles jónicos, un friso negro y cornisa roja que es también el color del frontón curvo que lo corona con una roseta pintada. Tiene adosada una mesa de altar de mármol rojo sostenida por cuatro columnillas negras de basa y capital rojos.
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En el frente se disponen tres escudos blancos, en el centro con el anagrama de Maria y a ambos lados el de los Borbón y Orleáns.
El interior del camarín esta decorado con murales de Francisco Maireles, al estilo acuarela en el que se expresan figuras angelicales enmarcando a la Pastora; y a los lados, diversos santos y venerables franciscanos. Entrando por la escalera izquierda destacan las imágenes del Padre Esteban, fray Isidoro de Sevilla y San Francisco, y por la de la derecha fray Leopoldo de Alpandeire y santa Clara, entre otros.
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Imagen de la Divina Pastora
En 1.703, fray Isidoro de Sevilla tuvo una milagrosa aparición estando en oración en el coro bajo de su convento en la que la Virgen se le mostró vestida de pastora rodeada por ovejas animándole a propagar su culto bajo la promesa de ayudarle en sus empresas apostólicas. Él mismo le encargó la escena a un pintor; a partir de ese momento, su iconografía quedó establecida. Para su culto, y sacarla procesionalmente la cofradía capuchina encargó una imagen de vestir al escultor Bernardo Gijón.
En 1763 la comunidad de Capuchinos sanluqueña, acuerda poner en el altar de su iglesia una imagen de la Divina Pastora. La figura que se colocó en ese momento no es la que actualmente se encuentra en el Convento pues la primitiva fue solicitada por los capuchinos de Ubrique en 1.804, quienes la disfrutaron hasta 1911 que fue cedida al convento de capuchinos de Santo Domingo, en tierras americanas.
La imagen que podemos contemplar hoy en Sanlúcar es de madera policromada de talla completa, encuadrada a final del siglo XVIII. Respecto a su autoría, se apunta al gaditano Cosme Velásquez Merino, quien posiblemente fuera también autor de la Pastora del convento jerezano.
La imagen porta una diadema de plata de 12 estrellas, y un báculo neoclásico del mismo metal del S.XIX.
El Niño Pastor primitivo era de barro cocido y policromado y ha sido sustituido recientemente por una talla de madera realizada en Sevilla que reproduce al original. La imagen reproduce al Niño erguido vestido con la zalea pastoril portando en sus hombros una oveja, de rostro inclinado hacia el suelo, colocado presidiendo el retablo de la Divina Pastora
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Retablo del Nacimiento
Justo enfrente del descrito, encontramos el retablo más reciente del convento, realizado en 2.009, con bastantes similitudes con el de la Divina Pastora pero más sencillo. Su interior alberga una representación del Nacimiento del Niño Dios, obra atribuida a la famosa escultora sevillana “La Roldana”. Destaca la figura de San José en postura de escorzo (si la miramos, esta de frente hacia nosotros, pero su cuerpo inclinado hacia su Hijo). Es interesante ver las miradas tan perfectas de los padres hacia su Hijo.
Para los frailes que están en la actualidad en el convento es la joya de la iglesia por antonomasia.
Los cuatro retablos restantes son de estructura muy parecida al de la Divina Pastora, pero con otros materiales, están realizados en escayola imitando a madera, por el sanluqueño Juan Bornez en 1.976. Su construcción no llegan al suelo sino que están suspendidos, cada estructura está formada por parejas de pilastras estriadas, y en la parte superior rematado por frontón curvo rebajado. Las pinturas del interior son obras del cordobés Juan Manuel de Ayala y las veremos mas detenidamente a continuación.
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Retablo de Nuestra Señora de la Paz
En un lienzo terminado en arco de medio punto, se representa un verde y montañoso paisaje, de línea de horizonte muy baja, y una explosión de nubes; tres ángeles de cuerpo entero semidesnudos sostienen sin esfuerzo la obra. Rematan el retablo tres querubines que solo nos muestran sus cabezas.
Esta representación de Nuestra Señora de la Paz es de 1.724, fue encargada por Fray Juan de Sanlúcar a Tomas de Antoniano para encomendarse a su protección, y fue realizada al óleo sobre plancha de cobre.
En un principio estaba colocada sobre la escalera principal del convento, y solo la sacaban durante dos días a la iglesia para la veneración del pueblo, y tanta fue su acogida que acabó trasladándose permanentemente al templo para que pudiese ser contemplada por todos.
De aquella época se cuentan frecuentes curaciones milagrosas a los fieles, quienes depositaban flores sobre ella y era tal la importancia de la imagen que los enfermos que rezaban desde sus casas debido a la enfermedad, solicitaban a Fray Juan las flores secas que habían adornado el cuadro conservándolas casi como reliquias.
Retablo de San Francisco de Asís meditando
Representa una imagen del Santo de grandes proporciones con rostro juvenil barbado, ojos abiertos mirando al cielo, mostrándonos en sus manos las llagas. Está arrodillado sobre una grada de piedra a la entrada de una cueva. Hay dispuesto un pequeño altar con una sencilla cruz formada por dos ramas (símbolo de la esperanza de salvación eterna), y una calavera (símbolo de brevedad de la vida).
Retablo del Sagrado Corazón de Jesús
En él podemos contemplar la imagen de Cristo sobre la bola del mundo, que solo nos muestra su mitad superior destacando la Península Ibérica y resto de Europa. La imagen se eleva sobre entre nubes mostrándonos su corazón inflamado de amor abriendo sus brazos para acoger a la humanidad. Vestido con túnica blanca, manto rojizo y rostro dulce, ensimismado mientras un coro de querubines agrupados de tres en tres la contemplan complacidos.
Retablo de San Antonio de Padua con el Niño
Lienzo craquelado (cuarteado) representa al Santo arrodillado ante una peña en la que se ha producido la aparición del Niño aureolado y semidesnudo sentado sobre un libro abierto mientras San Antonio lo abraza amorosamente portando en su mano izquierda una vara de azucena que representa su castidad.
Retablo de la visión del Beato Fray Diego de Cádiz con Cristo portando la Cruz
El capuchino, de poblada barba negra y corona arrodillado deja abierto sobre el suelo el libro que estaba leyendo y su rosario para asistir a la presencia divina moviendo sus brazos hacia arriba como intentando apoderarse del Señor.
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Pinturas sobre las puertas de la sacristía y convento
- SAN FRANCISCO DE ASIS MEDITANDO, del pintor sevillano Jose Maria Rodriguez de Losada, representa al Santo meditando ante una clavera y un crucifijo arrodillado, cerrando nerviosamente las manos en oración. El pintor desarrollo su carrera artística en jerez, de cuyo convento capuchino debe proceder este lienzo.
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- Lienzo que representa la misma iconografía, “San Francisco meditando extasiado ante el crucifijo” es del S.XIX
Bibliografía:
“El Convento sanluqueño de Capuchinos. Arte e Historia de una Fundación Guzmana”. Fernando Cruz Isidoro.






















