Capilla Funeraria del Padre Esteban de Adoáin
Esta capilla se encuentra situada en el sotocoro, entrando a mano derecha, antiguamente en el siglo XIX era donde se encontraba el pórtico abierto y constituye una de las reformas más importantes dentro del templo. Se construyó en 1946 por suscripción popular, para acoger los restos del padre misionero encargado de propagar la devoción a la Pastora en America, que falleció en este convento en 1880.
La capilla cuenta con una planta cuadrangular, formada por cuatro arcos de medio punto rebajado sobre los que se encuentra una bóveda vaída. El arco de la izquierda sirve de entrada para el sepulcro revestido de mármoles, mientras que el frontal se decora con pinturas de estilo neogótico.
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El sepulcro juega con los distintos tonos de los mármoles e imita la fachada de la iglesia de Porciúncula en Asís. Está formado por una portada románica abocinada de medio punto y tres arquivoltas sobre jambas, adornada con motivos vegetales que apoyan sobre medias columnas de capitel corintio con pájaros, y la central adornada con una moldura tallada con góticas puntas de diamante. En su interior se encuentra la losa funeraria a modo de puerta, con una alfa y una omega y la inscripción mortuoria de bronce fundido.
A ambos lados se aprecia un zócalo, con placas de mármol blanco con los escudos de Navarra, por el nacimiento del padre, y de Sanlúcar, lugar donde vivió sus últimos días, está rematado con impostas con motivos de aves y con pilastras, se corona con cornisa. En las enjuntas se incrustan dos bajos relieves de mármol blanco tallados por el escultor Victoriano Chicote, en el de la derecha se muestra al padre predicando a los indios con el estandarte de la Divina Pastora, el otro relieve reproduce un cuadro donde el padre predica a los fieles sanluqueños. Sobre la clave del arco se distingue el escudo de la Orden rodeado con nubes y con forma elíptico. Completan el conjunto un rosetón neogótico. Este sepulcro fue diseñado por Rafael García Rueda, llevándose a cabo en sus talleres de Córdoba.
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Llama la atención, por su singularidad, las pinturas realizadas en el muro enfrentado a la puerta de entrada, es una composición de tres arcos de medio punto, que descansan sobre capitel compuesto, rematado superiormente por un curvilíneo panel adelgazado en medio, con una cruz de malta y los escudos dominicos y franciscanos en los extremos. La escena nos muestra un diálogo entre la Virgen María y Cristo, que se dan la mano mientras flotan de manera etérea, todo esto es presenciado por cuatro ángeles que enmarcan la escena, dos que tocan una vihuela y un violín y otros dos que sujetan las colas de los mantos de las figuras principales.
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En la otra escena, opuesta al sepulcro, bajo similar arquitectura y fondo dorado, se representa a San Francisco portando un crucifijo y a Santa Clara con el hostensorio, sobre un paisaje en el que destaca la capilla de Porciúncula en Asís. Parecen ser, igual que los anteriores, retratos a lo divino de miembros de la familia Orleáns-Borbón.
En el centro de esa misma pared se abre una ventana semicircular, doblada con dos medios puntos sobre semicolumnas de cedro, de capitel dorado de tipo románico-bizantino, en cuyas roscas aparecen retratos de capuchinos, nueve en la interna y trece en la externa. El conjunto fue restaurado en 1993.
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El vano se cierra con una vidriera con la Divina Pastora y el Niño Pastor y la escena de San Miguel, la oveja perdida y el lobo en el ángulo superior izquierdo. Fue realizada en Madrid, en la Casa Maumejéan.
Bibliografía
El convento sanluqueño de capuchinos. Arte e historia de una Fundación Guzmana. Fernando Cruz Isidoro




















