Situación económica de Sanlúcar de Barrameda desde 1550 hasta 1650
Cargadores a Indias
El descubrimiento de América convirtió a Sanlúcar de Barrameda en el sitio donde recalaban obligatoriamente todos los barcos que iban o venían de América. Sanlúcar es el antepuerto natural de Sevilla, que por entonces tenía el monopolio del comercio americano. Se cargaban los galeones con productos importados y locales, vino, atún, carne, sal, aceite, vinagre y el agua del pozo de San Jerónimo que era la única que no se descomponía en tan largo viaje. En esta época Sanlúcar empieza a exportar sus vinos que daban grandes beneficios. Sus tierras se dedican desde entonces mayoritariamente a viñas. El vino se vendía en Inglaterra, Flandes y Bretaña.
Del Nuevo mundo se traían los metales preciosos (oro y plata), tintes, azúcar, plantas medicinales, maderas nobles, etc.
Los barcos de la Carrera de Indias tenían que ser españoles. Cuando un Juez de la Casa de la Contratación, el General de la Armada y los visitadores de naos inspeccionaban a éstas por vez primera, lo hacían para comprobar, precisamente, la nacionalidad y estado en que se encontraban.
Las naves solían ser carabelas, galeones, naos, carracas, urcas, bajeles y pequeñas embarcaciones como las polacras, jabeques, tartanas y pataches... Una gran variedad, con diversas denominaciones en unos y otros tipos.
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En el río Guadalquivir navegaban otras naves necesarias para su servicio: galeras, barcas, saetías y fustas surcaban el rio entre Sevilla-Sanlúcar-Cádiz o entre barco y barco fondeado. Las galeras servían para proteger y ayudar a los pesados galeones y sortear los pasos difíciles.
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Se instalaron en la ciudad un importante número de comerciantes nacionales y extranjeros que formarían un activo e influyente grupo social: los cargadores a Indias.
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Como complemento de la Casa de Contratación se fundó en Sevilla el Consulado de Cargadores de Indias en 1543, organismo económico-administrativo que gestionaba el monopolio del comercio con las Indias y la organización de flotas y armadas y que se ocupaba de solucionar las demandas de los cargadores con rapidez.
También se ocupaba de la recaudación y administración de los derechos de avería (sobre mercaderes, mercancías y pasajeros), almojarifazgos (porcentaje sobre la importación de los productos según el valor que tenían en las Indias. Almojarife : palabra árabe que significa inspector), derechos de Lonja ( se cobraba un tercio del 1% de los artículos que entraban o salían de Sevilla), de Infantes y de Balbásy socorrían a la Corona en sus constantes apuros con empréstitos y donativos.
Cuando en 1717 se decide el traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz y la consiguiente disminución de funciones, el Consulado se establece también en dicha ciudad donde permanecerá hasta que en 1868, por el decreto-ley de unificación de fueros se suprime la jurisdicción mercantil independiente.
Los cargadores a indias también influyeron en la arquitectura civil de Sanlúcar, construyendo sus casas durante los siglos XVII y XVIII con unas características que las hace especiales y únicas.
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Casa Arizón
La de mayor importancia es la Casa Arizón, situada en el antiguo barrio de la Balsa. Fue edificada entre el último tercio del siglo XVII y la primera mitad del XVIII sufriendo numerosas ampliaciones, transformaciones y agregaciones, existiendo dos viviendas familiares y numerosos patios interiores, almacenes y bodegas.
Los Arizón, de origen irlandés, pertenecían a la burguesía comercial catalana que, a principios del XVIII, se instalaron en Sanlúcar de Barrameda desde donde mantuvieron contacto comercial con sus parientes catalanes a través del Mediterráneo, introduciendo vino, aguardiente y frutos secos procedentes de Cataluña. Este contacto posibilitó la incorporación de Cataluña al comercio con América. Además, la familia invirtió en la industria naval catalana para asegurar el abastecimiento de la ruta Barcelona-Cádiz-América.
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La importancia de este conjunto monumental radica en que es el único ejemplo de casa de cargadores de Indias que se conserva íntegro en nuestro país. Muestra además la doble vertiente de este tipo de casas: residencial y comercial. De hecho, se estructuró en base a un núcleo que constaba de una zona residencial con apeadero, almacenes y bodegas, y en el siglo XVIII se construyeron las zonas de almacenes del Callejón de los Félix –llamado así por ser el nombre del primer Arizón que llegó a Sanlúcar- y la zona residencial principal, llegando a ocupar una superficie de más de 5300 m2 en planta y 9000 de superficie construida.
Estilísticamente, ambas zonas residenciales presentan características propias de las casas-palacio del barroco sevillano, como son la sobriedad en las fachadas, la altura en dos plantas y ático o la presencia de azotea y jardín.
Son de destacar la doble galería porticada de la casa primitiva, el zaguán, la capilla, el portón tallado, las columnas del patio en mármol rojo, la escalera, el patio, el brocal del pozo, los portajes y las bóvedas de arista de piedra ostionera ( piedra formada por conchas marinas y piedras erosionadas por el mar. Muy utilizada en la provincia de Cádiz es de color marrón con trazas de conchas y nácar, porosa y áspera) de las bodegas primitivas, que se derrumbaron inexplicablemente, entre otros singulares elementos. También la torre-mirador, componente fundamental en las casas de cargadores de Indias, y el oratorio, sala abovedada pintada al fresco en su totalidad presentando motivos de la iconografía mariana con rasgos del rococó.
La torre, orientada a la desembocadura del Guadalquivir y al océano Atlántico, se usaba para controlar la entrada y salida de las flotas ultramarinas. Morfológicamente se corresponde con una torre-mirador "tipo silla", por la semejanza de su remate con el respaldo de un escaño.
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Desde esta torre según la leyenda, uno de los Arizón vio llegar su nave cargada de plata y comentó, “quiera Dios o no, soy rico” y entonces vio como la nave se hundía en la barra y se perdía todo el cargamento, por lo que se suicidó tirándose de la torre.
Otra leyenda, basada en hechos reales, es la de la Dama Blanca. Diego de Arizón mató a su mujer Margarita Serquera y a su mayordomo por supuesto adulterio. Fue procesado pero consiguió el indulto del rey previo pago de 60.000 pesos que se destinaron a la construcción del Palacio Real, luego arrepentido hizo grandes donaciones a varios conventos de Sanlúcar. Dice la leyenda que emparedó a su mujer y que su espectro, la dama blanca, se pasea por la casa y el torreón los días de luna llena.
Casa Moreda o Casa Manjón
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Atravesado la Avenida del Quinto Centenario y siguiendo una línea casi recta, nos lleva a la Plaza de la Salle, (El Pradillo) donde encontramos otra bonita casa de cargadores, la casa Moreda o casa Manjón, perteneciente al Capitán Juan Pérez de Moreda, en cuya fachada se puede ver el escudo de la familia.
Otras Casas de Cargadores
Siguiendo la calle de San Juan y la calle Ancha, llegamos a las casas que están en la calle de Santo Domingo, frente a la Iglesia del mismo nombre y que pertenecen al siglo XVIII.
Son tres palacetes, los dos primeros ofrecen sendas portadas de piedra tallada con columnas laterales y escudos nobiliarios, la más alejada es más sencilla, no tiene decoración.
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Están organizadas en dos plantas (la primera tiene también un entresuelo para oficinas) y un ático de menor altura coronado por casetón amansardado con balconcillo. Las dependencias interiores se organizan en torno a espaciosos patios, dejando sitio para graneros y bodegas. La primera pertenece ahora a la familia Barbadillo.
La del centro fue la residencia nobiliaria de los Gómez de Barreda, construida en 1746.
Don Diego Gómez de la Barreda era natural de Burgos y en el año 1741 y ratificado en 1746 fue probada su hidalguía con lo que se le concedió “ El estado de hijosdalgo, guardándosele todos los fueros y preeminencias que gozan los de esta clase… con la distinción de volvérsele la blanca de la carne…) (actas capitulares 1746-48, sig. 4764, pag.10)
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En esta época existía un impuesto llamado de la sisa, que consistía en que cuando se compraba sobre todo carne, se despachaba menos peso del solicitado aunque se pagara todo. Para recibir todo el peso, se pagaba la Blanca de la Carne, -una blanca es una moneda de aleación de plata con cobre (es decir, de vellón)-. Los hidalgos que querían hacer valer sus derechos reclamaban esa blanca, y su concesión era una especie de reconocimiento público de sus privilegios.
Existe documentación de la época en la que se detalla que en un principio no le dejaban construir la portada por “considerarla contra las ordenanzas de albañilería y leyes del reino” pero D. Diego presenta sus argumentos mediante una instancia al Ayuntamiento y el diputado de obras públicas Alonso de Armijo, después de dar su informe sobre las medidas de la portada y de la calle dispone que el ayuntamiento decida y se acuerda que la obra siga.
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La última es propiedad de la familia Terán. Casi todas las casas de cargadores a indias destacan por su gran superficie y por las hermosas fachadas. Las ubicadas en el Barrio Bajo destacan por sus torres-miradores, desde donde se vigilaba la partida y llegada de los barcos.
María Rumayor




























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