CEPER Mardeleva. Curso de Patrimonio

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente
E-mail Imprimir

Usar puntuación: / 1
MaloBueno 

Antiguo Régimen

Antiguo Régimen (en francés, Ancien régime) fue el término que los revolucionarios franceses utilizaban para designar peyorativamente al sistema de gobierno anterior a la Revolución Francesa de 1789 (la monarquía absoluta de Luis XVI), y que se aplicó también al resto de las monarquías europeas cuyo régimen era similar a aquél. El término opuesto a este fue el de Nuevo Régimen (en España, Régimen Liberal). También puede aplicarse como equivalente a una época que, prácticamente, coincidiría con lo que se conoce como Edad Moderna.

La Bastilla, fortaleza del rey en París usada como cárcel, era considerada como símbolo del Antiguo Régimen por sus enemigos, y su toma como el inicio de la Revolución que llevó al Nuevo Régimen (1789). Sus escombros fueron objeto de un comercio parecido al que doscientos años más tarde tuvieron los del muro de Berlín.

Definición

El Antiguo Régimen es la organización económica, política y social que existía en Europa durante los siglos XVII y XVIII, heredado de la Edad Media

Para su localización en tiempo y espacio se pueden estudiar tres condiciones comunes a todos los países europeos de la época.

  • 1º.- Sistema económico: en transición del feudalismo al capitalismo.
  • 2º.- Sistema político: monarquía absoluta o, como poco, monarquía autoritaria. Este regimen político conlleva la centralización del poder y el respeto a los privilegios de todo tipo (personales, estamentales y territoriales), que mantenían una gran multiplicidad de jurisdicciones y fueros.
  • 3º.- Relaciones sociales: determinadas por la oposición entre la sociedad estamental y una burguesía que no puede acceder al papel de clase dominante que ocupan los estamentos privilegiados.
Mapa de Europa de Herman Moll (1703). Los colores utilizados por el cartógrafo no designan entidades políticas existentes, sino más bien el recuerdo de las antiguas divisiones geográficas de época romana (Galia, Italia, Germania), junto con otras que sí son efectivas (Imperios Turco y Ruso, Confederación Helvética, Reinos de Portugal, Suecia o Polonia).

Características

Economía y Demografía

La propiedad de la tierra, principal factor de la producción, estaba sometida a vinculaciones que incluían los mayorazgos en poder de la nobleza, las manos muertas en poder del clero y las tierras comunales de los ayuntamientos. La naturaleza compartida de este tipo de propiedad, con un propósito de permanencia en el tiempo, hacía que no se podía disponer libremente de ella, con lo que la existencia de un mercado libre de tierras era imposible.

Lo mismo podría decirse del mercado libre para los otros dos factores de producción: ni capital (sospechoso de representar una forma de riqueza no compatible con el modo de vida noble o clerical, y aún lejos de la acumulación necesaria para una revolución industrial) ni trabajo (impropio de los privilegiados, y considerado como una maldición bíblica) se venden libremente en el mercado como mercancías sujetas al libre juego de oferta y demanda.

El crecimiento del tamaño de las ciudades (sólo unas pocas: París, Londres, Sevilla, Madrid, Roma, Nápoles, Estambul, superan los cien mil habitantes), a pesar de funcionar como sumideros demográficos y de recursos de todo tipo, contribuyó decisivamente a la transición del feudalismo al capitalismo (el papel de Londres fue fundamental para la creación de un mercado nacional, el de París, intermedio; el de Madrid, un relativo fracaso).

La inmensa mayoría de la población, vivian en las zonas rurales,  que seguían teniendo en las actividades agropecuarias, de productividad y rendimientos bajísimos, y cuyas técnicas evolucionaban muy lentamente, su único medio de sustento, sin tener la propiedad de la tierra. Tenían una economía condenada a la dependencia de los ciclos naturales y las periódicas crisis de subsistencia repetidas cíclicamente, coincidiendo con los meses mayores previos a las cosechas, cuando el trigo estaba más caro.

El mendigo, de Murillo. La cómoda posición de la Monarquía Católica de la España del Antiguo Régimen, recibiendo inmensas rentas de América que gasta en las guerras de Europa y en los lujos de la corte, lejos de buscar la modernización y el cambio social, valora la pobreza por su positiva dimensión teológica.

El comercio estaba controlado por los gremios y las asociaciones gremiales, que controlaban la calidad y cantidad de producción que se realizaba en todo momento. La aspiración a controlar la vida económica pretendería que sólo aquellos que pertenecieran a un gremio o tuvieran autorización real podían dedicarse a la fabricación y distribución de productos.  La misión de controlar la fidelidad del comercio era una responsabilidad de la autoridad desde tiempos antiguos (la mensa ponderaria del foro romano).

La dispersión metrológica (no coincidían las medidas de cada localidad) se intentó remediar con el prestigio de algunas medidas locales, como la vara de Burgos, pero hubo de esperarse al final del Antiguo Régimen, con los trabajos científicos de conformación del Sistema Métrico Decimal. Se consideraba idóneo el acceso con los menores intermediarios posibles del productor al consumidor, y la reventa y todo tipo de especulación con el precio intentaba prohibirse, incluso con sanciones religiosas (pecado-delito de usura) lo cual no quiere decir que se consiguiera siempre, como demuestra la práctica de la vida cotidiana en el mercado.

La industria estaba entorpecida con excesivas reglamentaciones e impuestos. Existían aduanas internas; los pesos y medidas variaban según las regiones; algunos artículos, en especial los cereales (verdadera base de la pobre alimentación de la mayor parte de la población), eran sometidos a una obsesiva política de proteccionismo paternalista, con lo que o bien debían consumirse en el lugar de producción, o bien estaban sometidos a tasa, o en cualquier caso hacían imposible la seguridad del suministro; para otros se aplicaban derechos de aduana (no sólo exteriores sino interiores a los estados) que en muchos casos anulaban el intercambio.

No existe, por lo tanto, libertad económica ni competencia, ya que todo estaba controlado o por los gremios, por las Corporaciones o por el propio Estado, que en algunas ocasiones, funcionaba como agente económico él mismo: reales manufacturas como las de armamento (la Real Fábrica de Artillería de La Cavada), o de bienes suntuarios (la Real Fábrica de Tapices, de Porcelana del Buen Retiro, de Cristal de la Granja) y las regalías o los estancos de sal, tabaco (la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla y la de Madrid), aguardiente y naipes.

Pieter Brueghel el Viejo, nos pinta cómo Los segadores, en el verano, se confían a los ritmos anuales que repiten procesos de larga duración. La vida humana se somete a ellos con la misma fatalidad que al pago de los impuestos.

Sociedad

Otra de las características principales del Antiguo Régimen es la organización de la sociedad en tres estamentos definidos desde el nacimiento:

  • Dos estamentos privilegiados: nobleza (laica) y el clero (que en su parte alta correspondía a los hijos segundones de las familias nobles) estaban por encima del resto de las personas
  • El Tercer Estado o el Común (los campesinos, inmensa mayoría de la población, y los burgueses, comerciantes o artesanos).

Los derechos de las personas no eran igualitarios, sino que, legalmente, los nobles laicos y eclesiásticos tenían una serie de privilegios que no tenían los pecheros. Aunque los estamentos son cerrados, no son impermeables, era posible el paso de un no privilegiado a una situación de privilegio, por ennoblecimiento o por la entrada en el clero.

Pieter Brueghel el Joven: El censo de Belén o El pago del diezmo (1566), un tema religioso camuflado en una escena costumbrista, ambientada en el crudo invierno del norte de Europa.

Sistema político

Las monarquías autoritarias que acumulan el poder político que la nobleza tenía en la Edad Media basan su poder en unos mecanismos como el ejército, constituido por mercenarios que el rey contrataba, aunque en caso de guerra eran reclutados civiles de manera forzosa para la defensa del país. El fin de las mesnadas medievales controladas por la nobleza da a este estamento una nueva función, no de poder militar sino económico y social, y su posición en la Corte junto al rey le dará su medida de poder político.

El titular de la Corona tiene en sus manos todos los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), aunque en la práctica tiene que utilizar una enorme burocracia y designaba unos representantes a los que encarga el gobierno en su nombre, secretarios, ministros o en el caso español, un valido.

La discontinuidad territorial y la confusión de jurisdicciones era más la norma que la excepción de las entidades políticas, tanto estatales como infraestatales. Las fronteras eran cambiantes e inseguras, y había multitud de enclaves, exclaves, territorios de fuero especial, e incluso con soberanía compartida (Andorra) o alterna (Isla de los faisanes, y facerías del Pirineo navarro). Cuando Felipe II quizo hacerse una idea clara de sus posesiones, no recurría a los mapas de la biblioteca del Monasterio de El Escorial, que le mostrarían un confuso rompecabezas, sino a las Relaciones Topográficas (un esfuerzo protoestadístico solo comparable al Catastro de Ensenada dos siglos posterior) o a las vistas que encargó tomar a Anton Van der Wyngaerde.

Sanlúcar en 1567, grabado de Anton Van der Wyngaerde, para Felipe II

A partir del siglo XVII puede hablarse de la presencia de una monarquía absoluta que tiene la soberanía del Estado. Esta monarquía se justificaba sobre el supuesto de la procedencia divina del poder, de quien lo recibe sin intermediarios (por ejemplo, la nación o el pueblo). El rey sólo tiene que justificarse ante los ojos de Dios. El rey declaraba la guerra y hacía la paz; comandaba los ejércitos; determinaba los gastos y fijaba los impuestos; nombraba y destituía a los funcionarios y dirigía la administración entera. Las provincias eran administradas por los intendentes, con poder omnímodo y arbitrario.

El rey hacía las leyes, además, el rey dirigía la administración de justicia, pues esta se dictaba en su nombre y por funcionarios que él designaba. Se usaba la tortura judicial para lograr la confesión de los acusados, a quienes se juzgaba en secreto y a los que se aplicaban cruentas penas corporales (las marcas con hierros candentes, la picota, el látigo) incluyendo una amplia panoplia de tipos de penas de muerte adecuadas a la categoría del reo o del delito (decapitación con distintas armas, degollamiento, ahorcamiento, hoguera, desmembramiento...).

La libertad individual estaba amenazada constantemente por la policía, que podía prender a cualquiera con una simple orden del rey. No se explicitaba la causa de la detención, sino que simplemente se indicaba que "tal era la voluntad del rey". Existía la censura previa, que ejercía fundamentalmente la autoridad eclesiástica (el nihil obstat). No se concedía la libertad de conciencia o libertad religiosa, sino que se aplicaba el principio de que el rey impone la religión al súbdito.

En España, la monarquía, entra en una profunda decadencia a la que contribuyeron tanto las políticas acomodaticias y corruptas del Duque de Lerma (valido de Felipe III), como las agresivas y de reputación del Conde-Duque de Olivares (valido de Felipe IV), que al forzar los inestables equilibrios territoriales con su intento de Unión de Armas, provocó la crisis de 1640 y llegó a un paso de acabar de hecho con el Imperio Español. El absolutismo no llegará a España hasta los Decretos de Nueva Planta, después de que Felipe V de Borbón gane la Guerra de Sucesión (1715) tanto a sus enemigos europeos como a los que dentro de la Península Ibérica (especialmente Valencia y Cataluña) aspiraban a continuar con un Habsburgo más respetuoso a los fueros territoriales.

Escultura ecuestre en bronce de Felipe IV, diseñada por Velázquez y esculpida por Pietro Tacca con asesoramiento científico de Galileo. El sábado 9 de abril de 1677 alguien colocó un pasquín en la Casa de la Panadería de la Plaza Mayor de Madrid que decía ¿A qué vino el señor don Juan?: A bajar el caballo y subir el pan, refiriéndose al valido Juan José de Austria, que (además de lo del pan) había hecho trasladar la estatua desde la fachada de Palacio hasta el Buen Retiro. Hoy la estatua puede verse en la Plaza de Oriente de Madrid.

Era muy relativo hasta qué punto los monarcas llamados absolutos podían ejercer un poder semejante, e incluso es planteable si ni siquiera tendrían la pretensión de organizar la vida pública en toda su extensión, ya que se dejaban enormes espacios en que el poder se ejerce por multitud de intermediarios (los "estados" nobiliarios, la poderosísima jurisdicción eclesiástica, los territorios forales, y todo tipo de corporaciones, como los ayuntamientos, los gremios, las universidades...). La capacidad de decisión de los reyes estaba minada por el crónico déficit de recursos financieros, que tan pronto como se reciben (y aún antes) son gastados en el ejército y el suntuoso lujo de la corte (enormemente necesario para mantener el prestigio de la monarquía y la fidelidad de la nobleza, atraída a su servicio).

El Despotismo Ilustrado

En el siglo XVIII se produce una variante del absolutismo, el despotismo ilustrado, en que un rey absoluto ejerce su poder, de forma paternalista, bajo el lema "todo para el pueblo pero sin el pueblo", pero sigue poseyendo la soberanía del Estado, no es necesaria una Constitución, la voluntad del rey es la ley.

Una muestra de este tipo de monarquía serían las de Carlos III en Nápoles y España, la de José I de Portugal (con su ministro, el marqués de Pombal) la de José II en Austria, la de Federico el Grande de Prusia, y con lejanía al modelo, la de la zarina Catalina la Grande de Rusia. La amistad de ilustrados con fama de disolventes, como Voltaire, con alguno de estos reyes, no debe hacer olvidar que, como decía Johann Baptist Geich, el "sabio calentándose en su brasero no es precisamente a lo que debe temer ni el monarca ni la estructura de la que es cúspide".

Voltaire con Federico II de Prusie en Sanssouci, por Adolph von Menzel (1850).

Pensamiento, Cultura y Arte

El predominio de la Iglesia en el pensamiento, la educación y la cultura sigue siendo abrumador y, como en la Edad Media, sigue siendo la principal justificación del orden político y social y no está separada del Estado. No obstante, en cuanto a su papel ideológico, desde el Humanismo y el Renacimiento, el Antropocentrismo sucede al Teocentrismo como constante en las concepciones culturales.

Una buena muestra de las dificultades que encontraba el pensamiento avanzado incluso gozando de la protección real, como prueban los casos, perseguidos por la Inquisición, del profesor y poeta Fray Luis de León, del arzobispo Bartolomé Carranza, o del intendente Pablo de Olavide. El clima en Francia no era más permisivo, como prueban los casos en que se vio envuelto Voltaire. La Europa protestante tendió a ser más tolerante, sin desconocer la represión, como probó Miguel Servet.

La Universidad, que había sido una institución pujante y en desarrollo durante la Baja Edad Media, con la escolástica, experimentará un periodo de alejamiento de la vanguardia científica y cultural, que pasa a otros ámbitos (las academias, las sociedades científicas), hasta el siglo XIX. Como excepción, como en tantas otras cosas, en la Monarquía Hispánica, las universidades (Salamanca y Alcalá de Henares en la Península y las de nueva creación en América) atraviesan una edad de oro (Biblia Políglota Complutense, escuela de Salamanca, neoescolástica) respondiendo a claro papel social: suministrar personajes preparados a la burocracia y al clero y elevar o mantener la condición social de una nobleza triunfante y una burguesía acomodaticia y claudicante en cuanto a su capacidad crítica con la situación económica y social.

Miguel Ángel, en La creación de Adán (techo de la Capilla Sixtina, 1510), parece querer pasar el testigo del teocentrismo medieval al antropocentrismo humanista, antes de que la Reforma y la Contrarreforma cierren el paso a la Utopía.

En cuanto al ArteItalia y Flandes, emporios de la burguesía bajomedieval unidos por las rutas mercantiles del oeste europeo, serían los lugares que destaquen en movimientos culturales como el Humanismo y el Renacimiento. Las monarquías nacionales más adecuadas al modelo Antiguo Régimen, impulsados por la oportunidad de legitimación que el mecenazgo de la vanguardia artística e intelectual, y los programas arquitectónicos, dan a sus reinados, prestan apoyo a estos movimientos y los convierten en un signo de prestigio. Clero y nobleza no se quedan atrás por emulación.

El papel social del artista evoluciona desde el anonimato gremial de la Edad Media hasta la pseudodivinización de Rafael. Manierismo y Barroco fueron sucesivamente los estilos artísticos que se difunden desde Italia a toda Europa desde mediados del XVI y XVII. En mayor o menor medida se ponen al servicio de la ideología y las clases dominantes, aunque también habrá arte burgués allí donde la burguesía tiene recursos económicos suficientes, como Holanda.

En cambio, El Juicio Final (del mismo autor, en el mismo edificio, pero en la pared del altar, entre 1535 y 1541), abre el camino del manierismo, presentando a un Cristo airado, en un entorno más pesimista, tras el Saco de Roma, cuando Italia ya está en el Antiguo Régimen, definido en este entorno como el predominio de los Habsburgo. Sus desnudos serán posteriormente adecentados por el giro moral del Concilio de Trento.

Tras una crisis de la conciencia europea a finales del siglo XVII, se abre el camino a la Ciencia Moderna que sigue el paradigma newtoniano y al enciclopedismo. En el siglo XVIII la cultura se debate entre el mantenimiento del monopolio de la Iglesia, y los principios de la Ilustración. Los intentos de modernización ilustrados son importantes en las últimas décadas del siglo XVIII, impulsados por Carlos III y Carlos IV, y se difundieron a América, que pasa a ser "redescubierta" intelectualmente (mediciones de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, expediciones naturalistas de Cavanilles y Humboldt, y el primer programa médico moderno, que fue la vacunación contra la viruela) justo en el momento en que internamente está surgiendo la conciencia americana que llevará al movimiento emancipador.

El Barroco tardío y el Rococó son los estilos artísticos de comienzos del XVIII, aún manteniendo la ideología dominante de las clases privilegiadas; Neoclasicismo y el Prerromanticismo los del final de este siglo, abiertos a la nueva realidad.

Plenamente rococó El columpio de Fragonard (1767) presenta de forma cínica y acrítica —aunque será bien aprovechada por sus enemigos— la decadente y corrupta sociedad del Antiguo Régimen, incapaz de superar sus contradicciones que imposibilitan el desarrollo de las nuevas fuerzas sociales, productivas e ideológicas. La misma función podría verse en las novelas del Marqués de Sade.

A finales del siglo XVIII, las contradicciones insolubles de la Ilustración, que no puede conciliar el Antiguo Régimen con las emergentes fuerzas de la Revolución, se resolverán violentamente: el sueño de la razón produce monstruos, como tan genialmente expresó Goya.

 


Fuente:

Artículos relacionados

 

Debe estar registrado para añadir comentarios


Traductor

English Dutch French German Italian Portuguese Swedish
mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy7
mod_vvisit_counterAyer383
mod_vvisit_counterEsta semana1640
mod_vvisit_counterSemana pasada2405
mod_vvisit_counterEste mes3507
mod_vvisit_counterMes pasado12020
mod_vvisit_counterDesde 28/10/2009158765

Conectados: 7
Visitas a esta página: 263

El Tiempo en Sanlúcar de Barrameda

Suscripción a Boletines

Suscribirse