Ermitas de Sanlúcar de Barrameda: San Antonio Abad
La más antigua noticia de esta Ermita que hemos encontrado es la del testamento de D. Juan de Guzmán, primer Conde de Niebla y III Señor de Sanlúcar, nieto del famoso Guzmán ”el Bueno”, primer Señor de Sanlúcar, quién en 1396, dejó dicho: "e mando a la ermita de San Antón del Valle, que es termino de Sanlúcar de Barrameda, cincuenta maravedies".
Existe documento escrito de legar el 3 de octubre de 1396 varias imágenes a esta Ermita. Por lo que se deduce su antigüedad ya que en tiempo de este Señor ya existía.
En los libros capitulares, desde que comienzan, se hallan repetida la memoria de San Antón. Por haberle participado su nombre al arroyo lavadero y alcantarilla inmediata; especialmente en los años 1527 y 1552 en un documento del 14 de julio de 1575, otorgado ante Cristóbal de Yepes, escribano público de la ciudad:
Juan Rodríguez y Catalina Gallego, su mujer, que obligaron a pagar al Duque sobre una huerta que poseía llamada del Palomar a la salida de la villa por la parte que dice del santo Antón.Después de la incorporación de esta ciudad a la corona en 1675, empezó la terrible epidemia de las calenturas perniciosas que padeció toda la comarca, y en Sanlúcar pereció más de la mitad de sus habitantes, para evitar el contagio se usaron como lazaretos dos ermitas: la de San Sebastián y San Antón, con tal efecto se profanaron, llevándose las imágenes a la Parroquia de la O, donde aún permanecen.
Fue lazareto en muchas ocasiones de los siglos XVI y XVII, y por enterrarse allí los que fallecían en las epidemias se tomó por Cementerio de la ciudad en el siglo XIX, el campo que le rodea, y la ermita sirve actualmente de capilla del camposanto.
Cofradia de San Antón
Después de la incorporación de Sanlúcar a la corona, quedó tan pobre esta ermita que hicieron una cofradía por los devotos, de la que fueron Mayordomo Perpetuo don Bernardo José García de Poedo, y Hermanos Mayores don Miguel de Guzmán y Don francisco Corbalán. Penovaron la ermita y mandaron hacer un bulto del Santo, adornando su altar con un curioso retablo de pinturas y celebrando todos los años su fiesta con misa cantada, sermón y procesión muy solemne por la tarde. Esta costumbre duró el tiempo que vivieron los devotos; se acabó la cofradía pero no el culto y devoción que heredó don José García de Poedo, Regidor Perpetuo de esta ciudad, manteniendo él y su esposa los cultos y la ermita a excepción de la procesión que queda suprimida por falta de público de esta ciudad. Dejando el 1º de septiembre a perpetuidad esta solemnidad.
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