CEPER Mardeleva. Curso de Patrimonio

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Convento de Regina Coeli

Integrado hoy perfectamente en la ciudad, en su día el Monasterio de Regina Coeli debió ser uno de los primeros asentamientos del Arrabal de la Ribera o del Mar. Aunque sus orígenes se pierden en los años finales del siglo XV, no será hasta 1519 cuando se encuentre totalmente consolidada la fundación del Monasterio. Sin embargo, con toda seguridad, las monjas ya llevaban, en esa fecha, algunos años viviendo en algunas casas preparadas al efecto hasta que se concluyera el que a la postre sería su definitiva ubicación.

Portada del Convento de Regina Coeli vista desde calle de San Jorge

El Convento de Regina Coeli es un templo de estilo renacentista levantado a lo largo del siglo XVI y donado a la Orden de las Franciscanas Clarisas. El conjunto está formado por el templo y un bonito claustro porticado a cuyo alrededor se encuentran las dependencias del convento.

Santa Clara, fundadora de la Orden de las Clarisas

La iglesia, de planta rectangular con una sola nave, cubierta con bóveda de cañón y coro a los pies, presenta al exterior dos portadas gemelas, que se diseñan en dos simples cuerpos, el primero con columnas dobles y dintel que recibe una hornacina central.

Detalle de la portada con dobles columnas y hornacina

En el interior, se pueden destacar el retablo del siglo XVIII situado en su altar mayor, donde se encuentra la Virgen María Reina de los Cielos, que da nombre al convento; el púlpito, realizado en caoba en el siglo XVII; en el coro bajo del convento hay un Niño Jesús de pequeño tamaño de terracota policromada, realizado por Alonso Cano, ejecutada entre los años 1652 y 1667 y asímismo, existe una imagen de San Francisco que es atribuida a Luisa Roldán, La Roldana, y que pudo ser realizada, en la época gaditana de la escultora, entre los años 1684 y 1687.

Retablo Mayor barroco del siglo XVIII

 

Historia

A don Enrique Pérez de Guzmán, II Duque de Medina Sidonia y a su esposa doña Leonor de Rivera y Mendoza, el papa Inocencio Vlll, en una bula dada el 21 de febrero de 1489, concedía licencia para que pudieran fundar un monasterio de clarisas en Sanlúcar de Barrameda, pero por alguna circunstancia que desconocemos, esta fundación no se realizó hasta treinta años mas tarde.
En esos primeros años la conexión con los duques de Medina Sidonia debió ser habitual, aunque finalmente sería un sanluqueño particular, García Díaz de Gibraleón quien tomase la determinación de transformar unas casas que poseía en esta nueva zona de la ciudad para convertirla en monasterio destinado a las hijas de Santa Clara. Una de las condiciones de su cesión fue que el monasterio no perdiera nunca la advocación de Regina Coeli. A todo ello unió la mayor parte de su capital, aunque este no fue lo suficiente para que las religiosas pudieran mantenerse sin problemas. Desde los primeros años el Ayuntamiento les daba como limosna "un cerdo para matanza y un carnero por Pascua de resurrección".

Regina Coeli. Retablo lateral

La primitiva iglesia del convento de Regina Coeli, que era una sola nave con cubierta de madera se le encargó al carpintero Juan de Sanlúcar, el año 1524.

Regina Coeli. Pila baurismal

La trayectoria del convento de Regina Coeli ha estado íntimamente relacionada con la casa ducal de Medina Sidonia. Gracias a la documentación conservada en el archivo de la Fundación Medina Sidonia, podemos comprobar los lazos que unieron al convento con los duques y la ayuda continua que éstos concedieron al monasterio. La interrelación casa ducal-convento de Regina era constante; las religiosas compartían con los duques tanto la felicidad de éstos ante el nacimiento de un nuevo hijo como el dolor ocasionado por la muerte de alguno de sus vástagos. Las religiosas ofrecían sus oraciones y a cambio los duques enviaban al convento ayuda de todo tipo: alimentos, medicinas, incienso, ayudas monetarias, etc...

Regina Coeli. Púlpito tallado en caoba americana

Pero no sería esta la única ayuda que recibirían las religiosas pues en 1533, el VI duque de Medina Sidonia, don Juan Pérez de Guzmán, se comprometía a entregar seis mil maravedís al año, subiendo hasta los 20.000 poco después. A cambio, las hermanas se obligaban a permanecer alternativamente día y noche en la adoración del Sacramento. La IX Condesa de Niebla, doña Leonor Manrique de Sotomayor, regente de la casa ducal al falllecer el VI Duque, siguió pagando esta obligación y les daba además 50 fanegas de trigo de limosna.

Representación de la Fe. Detalle de cúpula del púlpito

Desde su fundación el número de religiosas iría en aumento, siendo algunas de ellas elegidas para fundar otros conventos de la orden fuera de la ciudad, como ocurrió en 1547 en la ciudad canaria de La Laguna cuando fundaron el monasterio de San Miguel de las Victorias.

Detalle de ventana oculada enmarcada en piedra en la fachada

Pero sin lugar a dudas su más grande benefactora sería doña Ana de Silva y Mendoza, mujer del VII duque de Medina Sidonia don Alonso Pérez de Guzmán. Como cuenta Fernando Guillaumas y Galiano a mediados del siglo pasado en su Historia de Sanlúcar de Barrameda, "Desde que esta Señora puso el pie en Sanlúcar le llamó la inclinación la vida austerísima y devota de estas religiosas, por lo que las socorría con crecidas limosnas y las visitaba en lo interior de su convento, por lo que reconoció la estrechez de todo el Monasterio y la próxima ruina que amenazaban todas las oficinas y principalmente la Iglesia primitiva de la fundación; por lo que hizo derribar y levantó a su costa la que hoy vemos, siendo el doble mayor que la anterior, incorporando la calle que va desde la Alcoba y carril de los Angeles y daba paso a la inmediata de San Jorge, añadiendole los dos magníficos coros alto y bajo y la gran pieza del refectorio. Así fueron transcurriendo los primeros años del convento pasando por diversas dificultades que fueron salvando poco a poco. Algunas veces con un elevado numero de religiosas, más de cuarenta y otras con menos hermanas pero con las mismas fuerzas para llevar adelante su proyecto de ora et labora".

Vista de los coros alto y bajo con enrejado protector de la clausura

Los dobles escudos de armas de esta señora y de su esposo, el duque, se registran en las dos elegantes portadas de la iglesia, y en las dos fachadas interior y exterior de los coros. Doña Ana de Silva y Mendoza recibió el 6 de junio de 1607 licencia del Comisario General de la Orden Franciscana para fundar en el Convento de Regina Coeli el primer colegio para niñas donde "se enseñasse toda buena crianza a las hijas de los hombres honrados", de edades entre los tres y quince años. El 5 de julio de 1609, doña Ana de Silva y Mendoza, encarga a Alonso de Vandelvira la construcción de las portadas de la iglesia del convento de Regina Coeli, pagando por ellas la cantidad de 2.000 reales, trayéndose la piedra de Jerez.

Detalle de las columnas de la portada renacentista de Alonso de Vandelvira

La comunidad quiso reconocer lo que a esta señora debía, y para ello firmaron dos documentos ante Francisco de Aguilar, escribano de lo público en Sanlúcar. En el primero, firmado el 8 de noviembre de 1603, le concedían el patronato de su iglesia y convento, para sí y para uno de sus descendientes. El segundo, firmado el 29 de junio de 1605, le concedían a esta señora, y a su sucesores en el patronazgo, que pudiesen presentar cuatro monjas, que se recibirían sin dote alguna, y faltando cualquiera de ellas, nombrasen otra de nuevo, de forma que siempre hubiesen vivas las dichas cuatro religiosas. La relación de los patronos con el convento se materializó en los escudos de armas de la duquesa, que actualmente encontramos tanto en la fachada como en el interior del monasterio.

Detalle de la reja del coro bajo

El 2 de julio de 1720 profesa en el convento de Regina Coeli, doña Melchora de Braganza, que costeó mejoras importantes en el convento, entre ellas abovedar el altar mayor y reparar y dorar su retablo, poner de mármol el suelo y disponer los altares laterales en la forma que hoy están, del que no se conserva documentación para poder conocer a los autores, aunque se fecha sobre el año 1740. Todo ello fue costeado con los bienes a que renunció la abadesa Micaela de Braganza al entrar en religión.

Bóveda de la iglesia del convento de Regina Coeli

Hasta el año 1738 las monjas de Regina Coeli vestían un habito de tela fina de color azulado. Siendo la abadesa Micaela de Braganza abadesa quién lo cambió por el sayal que viste la orden actualmente.

En la actualidad las dieciocho hermanas que componen la comunidad salen adelante con sus labores de bordados de ornamentos litúrgicos y las restauraciones de piezas textiles. En éste, como en casi todos los conventos de clausura gaditanos, existe una comunidad viva y sumamente agradable. Los recelos que, cosa lógica, se producen en los primeros momentos, con los intrusos que turban la rutina y tranquilidad diarias, se ven rápidamente superados. Las hermanas se desviven por sus conventos y los presentan con todos sus problemas, pero con la enorme alegría de saber que son portadoras de unos bienes, espirituales y físicos, que mantienen generación tras generación.

La comunidad de monjas clarisas en la actualidad

La visita al monasterio de Regina Coeli en Sanlúcar difícilmente se puede olvidar. La cotidianidad, la sencillez con que se muestra la comunidad de religiosas clarisas hace que crezca rápidamente el afecto que se toma a estas hermanas. En minutos cautivan con el cuidado de su jardín, sus plantas, los juegos con sus animales y la cuidada ordenación de sus dependencias monacales. Todo esta perfecto, apenas algunas huellas de las últimas obras realizadas, no pueden enturbiar el exquisito cuidado con que mantienen el convento.

Claustro del convento

Visita al Convento

La visita se inicia desde el compás de entrada en el que se encuentran el locutorio, habitaciones reservadas para hospedería y la hermosa Puerta Reglar que introduce de lleno en la clausura conventual. Traspasada ésta se penetra en el claustro principal del convento, aunque no el único pues otros más pequeños se distribuyen por todo el conjunto monacal. Al claustro se abren las diferentes dependencias conventuales, torno, sala de labor, portería, refectorio, sala "de profundis", sala capitular, huerto, iglesia e incluso el cementerio. Las celdas y el resto de las dependencias se abren a éste en la planta alta.

Detalle del jardín

La visita se puede comenzar por los coros, piezas claves del convento sanluqueño. Situados a los pies de la iglesia y con acceso directo desde el claustro, fueron costeados por doña Ana de Silva, como se explica anteriormente. Antes de ingresar en la iglesia es necesario destacar la importancia del ajuar litúrgico que posee el convento.

Detalle retablo barroco

Una vez dejada la clausura se ingresa en la iglesia conventual, tal vez una de las más interesante de la ciudad.

Al salir del convento y para guardar un buen recuerdo de lo visto en el interior, se debe regresar sobre las portadas gemelas de la iglesia. Este modelo, que tantas veces sería usado en Hispanoamérica y en otros conventos gaditanos como el de la Concepción en El Puerto de Santa María, fue diseñado por Alonso de Vandelvira a mediados de 1608.


Fuentes:


 

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