Monotipo
El monotipo o monotipia es el resultado único, no seriado, de una estampación gráfica. Es la estampa lograda por contacto de una imagen pintada o dibujada sobre un soporte rígido cuando el pigmento todavía está fresco; por tanto se trata de una pieza única si bien puede haber alguna prueba más, pero siempre con variantes. La monotipia se sitúa en la frontera entre el grabado y la pintura, ya que se realiza aprovechando tanto técnicas de grabado como pictóricas para la consecución de un solo original. El resultado final es vital y único, por tanto, exclusivo e irrepetible.
Algunos no incluyen la técnica del monotipo, ni como pintura ni como grabado, a pesar de que los monotipos por una parte, reúnen las características técnicas de la estampación, y por otra parte lo cierto es que, el resultado es de una obra única sobre papel, sin ejemplares que constituyan una edición.
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Para la realización de monotipos se aplican directamente sobre una plancha lisa y no absorbente (puede ser de cristal, metacrilato, metal o linóleo), tintas oleosas. Pueden obtenerse efectos y texturas muy interesantes, incluyendo en la composición hilos u otras materias. También se pueden obtener monotipos partiendo de una plancha grabada, la cual se puede entintar directamente con color. Una vez realizada la composición se imprime sobre papel humedecido, sometiéndolo a presión.
El primer artista que trabajó intensamente el monotipo fue Giovanni Benedetto Castiglione (1609-1664), sin que lograra, pese a la cantidad de sus trabajos, difundir la técnica entre los artistas de entonces. Degas, Gauguin, Matisse, Chagall, Miró y Picasso, entre otros grandes maestros utilizaron esta técnica.
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Fuente: El Arte de Grabar, José Ignacio Argote Vea-Murguía



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